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Fecha de caducidad

Ismael Rodríguez

 
 

De la doctrina futurista es el culto a la máquina (análogo monoteísmo), el desprecio a la Victoria de Samotracia y la veneración del ruido[1], donde la ficción y el estruendo del siglo XX –al margen de sus invenciones–, conformaban el sincretismo del mundo moderno, Luigi Russolo siendo el ángel “entona rumores[2]” y “Pío” Marinetti convertido en Papa, si no anticristo. Era Italia de nuevo, esta vez convirtiendo espíritus en aparatos, imponiendo su lógica bélica de redención social y de instrumentación política por encima de todo; encontrando en Mussolini su más importante firma no sorprendería declarar que la cuna del design tuviera vocación fascista. Primera Guerra.


Ordenar, ejecutar, resolver y operar son verbos capitales de la nueva civilización y de los mecanismos de producción en masa, coexistiendo con las tecnologías desarrolladas en el primer cuarto del siglo pasado como aquellas que permitirían acelerar las fábricas, el abastecimiento de armas, el abaratamiento de los enseres y la consecuente polución de cosas; si bien encontramos un antecedente inmediato en el Londres posrevolucionario, no fue sino en el seno militar donde las palabras: rendimiento, eficiencia y eficacia fueron depuradas con mayor sentido estratégico. Para consolidar el golpe ideológico llegaría Boccioni con la instrucción de una nueva armonía, en la que “embebidos en las líneas musculares […] del hombro de un obrero puede salir la rueda de una máquina, y el perfil de una mesa puede cortar la cabeza de una persona que lee”[3]. El afán de progreso se concretó con el más violento componente de la era, del vertiginoso movimiento es la velocità[4], concepción que inauguró la dicotomía del humanismo-autómata[5] como antesala de una crisis mundial mayor, el mismo Chaplin es presa del “fordismo” [6] en “Tiempos Modernos” (1936), y la “Metrópolis” de Fritz Lang (1927) inmortalizaba el opus robota (del checo ‘labor forzada’), en el delirio arquitectónico de Sant’Elia –cuyo manifiesto proclama la caducidad y la transitoriedad–, enmarcando así, una sociedad que dejaría de aspirar a la unidad entendida como cuerpo, para descomponerse en los engranajes de otro más grande y perfecto –“heterotópico” [7] diría Foucault–, donde cada persona cumpliera una tarea específica dentro de un horario impuesto, erradicando la voluntad de vivir por la de funcionar. 

La cultura del saber-hacer, desde su implementación, ha ido en detrimento de nuestra capacidad de reflexión para favorecer la de nuestra resistencia, teniendo como eje el rendimiento y la productividad, máquinas-cuerpos al antojo de los patrones vigoréxicos del momento, regidos por el exhibidor internacional del circuito de ferias.


Animal laborans u homo faber[8], como atribuciones a nuestra clasificación sub especie, para colmo es que ni en la más sesgada ficción de Saramago la humanidad está exenta de la cosificación[9], y suponiendo que en el diseño, la máxima función deriva hacia la forma –ora gestalt–, no queda en duda su linaje. Somos lo que producimos, no lo que pensamos, desplazado el sujeto de toda relación cartesiana, es el objeto, que más allá de asumir el canon concentra lo que ahora entendemos como tecnología de poder, transformado en un bien material que afinca su valor porque sirve; pero es en el plano de las acciones simbólicas donde resulta más sencillo el análisis entre producir y crear, cuando el primer término conduce al propósito el otro lo hace al desperdicio, aunque compensando la balanza como acto de justicia ética por sobre la severa regla, preguntamos –que para el estado de las cosas atendería a una primera provocación, reivindicando la res cogitans[10] y reclamando el espacio de la entidad presente–, ¿si el diseño es una práctica, lo que se practica es el diseño? Dado que el ejercicio del hacer sólo nos lleva a la hiperespecialización, valdría considerar las repercusiones de seguir alimentando a un sistema de control que premia la repetición como imposición de la praxis, sin embargo no deja de tener presencia una contracorriente que se apuntala en el juego y en la deambulación, como rebelión de la forma dominante, aparece el homo ludens[11] y no menos importante el übermensch[12], quien llega a sugerir que es la infancia el estado ideal, apelando al instinto y a la abolición de prácticas sociales superfluas. Pero no perdamos de vista la cuestión primaria, ¿qué es el diseño? Sino designio, sino voluntad, y en el nivel más elemental, es Nietzsche quien en una parábola sobre el porvenir de la educación, contundente rompe la economía del tiempo moderno: la meditación genera futuro[13].


La cultura del saber-hacer, desde su implementación, ha ido en detrimento de nuestra capacidad de reflexión para favorecer la de nuestra resistencia, teniendo como eje el rendimiento y la productividad, máquinas-cuerpos al antojo de los patrones vigoréxicos del momento, regidos por el exhibidor internacional del circuito de ferias. A 100 años del primer intento de futuro somos esa Samotracia venida a menos, cercenados, manipulados por una cultura de excesos estilísticos y productos basura por efecto de la moda; no queda sino adoptar los modelos neoliberales, de etiqueta sobre etiqueta, rebaja sobre rebaja, y en la programación pay per view el consumidor sobreconsumido, neocoliseo. Perverso método de obsolescencia programada, de la función limitada, es la del diseño que expira; más perverso todavía, que el credo de la contemporaneidad, en su inteligente expansión, adquiere formas sutiles en la vida rutinaria, y de todas las aproximaciones posibles, la lírica; hoy es una mañana cualquiera de 1947 y apenas transcurrido dos años de la Segunda Guerra, una melodía cautiva la radio: 


“estás perdiendo el tiempo, pensando, pensando” [14]…

Ismael Rodríguez

Nómada, mutante, director de NEOCRXFT y cofundador de la  MERMA, ocioso de tiempo completo y hereje sin remedio. Explora la condición primitiva de la humanidad y el potencial del cuerpo para “ser otro”. 
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[1] Marinetti, F. (1909). Manifesto del Futurismo. Le Figaro, p. 1.
[2] Intonarumori es el conjunto de generadores acústicos creado por Russolo, a partir de las teorías musicales expuestas en su manifiesto de 1913, “El Arte de los Ruidos”.
[3]  Boccioni, U. (1912). Manifiesto Técnico de la Escultura Futurista.
[4] “En la vida moderna: NECESIDAD = VELOCIDAD” Anexo al manifiesto de Arquitectura Futurista, Sant’Elia (1914).
[5] Del pl. lat. automăta, y este del pl. gr. αὐτόματα, de acuerdo a la RAE, persona que actúa sin reflexión.
[6] Sistema económico y social basado en la producción y consumo masivos, derivado del modelo industrial estandarizado creado por Henry Ford.
[7] Foucault, M. (2010). El cuerpo utópico. Las heterotopias. Buenos Aires: Nueva Visión.
[8] Hannah Arendt sugiere que el trabajo está comandado por la necesidad, el ser que labora pierde su condición humana para transformarse en esclavo, pues la labor es contraria a la libertad; por otro lado, homo faber es quien hace, construye, produce por medio de herramientas.
[9] Saramago, J. (2013). Casi un objeto. 5ª reimpresión. Ciudad de México: Punto de Lectura, Santillana Ediciones Generales.
[10] Del latín, ‘la mente o sustancia pensante’, mejor descrito por René Descartes en el axioma: pienso, luego soy.
[11] Huizinga, J.  (2007). Homo Ludens. 6ª reimpresión. Madrid: Alianza Editorial / Emecé Editores
[12] El superhombre es un concepto filosófico creado por Friedrich Nietzsche, aparece por primera vez en su libro “Así habló Zaratustra” (1883).
[13] “[…] esos hombres “todavía tienen tiempo”: todavía les está permitido recoger y escoger, sin deber censurarse a sí mismos, las horas buenas de la jornada y sus momentos fecundos y vigorosos, para reflexionar sobre el futuro de nuestra cultura. Esos hombres pueden también pensar que han pasado su jornada de modo verdaderamente provechoso y digno, es decir, en la meditatio generis futuri. Un hombre así no ha olvidado todavía pensar […]” Nietzsche, F. (2009). Sobre el porvenir de nuestras escuelas. (2ª ed., p. 28). Barcelona: Tusquets Editores.
[14] “Quizás, quizás, quizás”, canción popular creada por el compositor cubano Osvaldo Farrés.

 

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