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Entre (porno) stars y artistas  

Attanasio Mazzone 

 
 

Lo describiría como una vil pelea por ver quién la tiene más grande, así de banal se torna la competencia en el gremio de diseño en México. 
Si bien puede resumirse con las anteriores palabras, el término ego merece una mejor explicación, digna de su significado, si no qué van a decir de mí. 


Iniciemos con la definición etimológica del ego, sustantivo latino que significa YO, normalmente relacionada al egocentrismo, el falso yo, el fino arte de darse valor a sí mismo, el arte del mame, como se diría en México. 
El ego es la causa de todos los males, no solo en el contexto profesional, sino que es una enfermedad que acaba con el ser humano. Es una entidad multidimensional que existe a nivel psíquico, energético y filosófico. Sin embargo, es una condición que no existe en el estado físico, se empodera del ser humano y sus energías utilizando nuestro cuerpo para materializarse. En pocas palabras, un parásito. El ego es un error de identidad, te convence de ser alguien que no eres, de vivir vidas que no son tuyas. 
A cuántos conocen que sufran de esta enfermedad, a cuántos podemos catalogar como egocéntricos. Pero ¿has pensado qué tanto esta enfermedad te ha contagiado? No seamos hipócritas, cada quien, en distintas dosis, vive de su propio ego. Yo incluido. 
Una de las cosas que más me atormenta cuando hablamos de este tema, específicamente en nuestro contexto laboral, el diseño, son mis alumnos. Pues son realmente ellos el futuro de la disciplina y es aquí cuando me preocupo. Precisamente porque es en estos ámbitos académicos en donde se fomenta el ego y donde los responsables somos nosotros, los “maestros”. 
Desde el inicio de su educación aprenden a crecer su propio ego como diseñadores a través de experiencias totalmente ajenas a ellos mismos, pues el error más común que cometimos como “maestros” es imponer lo chingón que soy como diseñador, lo grande que es mi estudio y la cantidad de seguidores que tengo en Instagram o Facebook ¡Ya basta! Seamos un ejemplo, sí, pero hagámoslo bien. Comuniquemos quiénes somos realmente, qué nos motiva. 


Precisamente es en esta etapa de su crecimiento profesional en la que aprenden a sentirse superiores a los demás, aprenden a competir con sus compañeros, a poner en discusión lo que YO, como mal o buen maestro, les enseñé. En lugar de guiar a los jóvenes hacia un camino correcto y ético, se nos hace más fácil que aprendan mediante lo chingones que somos. Es mejor que aprendan según nuestras incoherentes reglas. Pero no, somos muy perfectos para eso. Qué triste. 


El resultado después es una proliferación de diseñadores (porno) stars o pseudoartistas totalmente fuera de contexto que nos saben en qué se meten o a dónde llegarán con su actitud. Todos siguen el mismo objetivo: ser mejor que otro en todo, cueste lo que cueste. 
Pero si hablamos de verdaderas (porno)Stars y verdaderos artistas, se me viene a la mente un ejemplo un tanto ajeno, quizás hasta pervertido, tal vez excitante, sin embargo justo. Dos artistas que se enamoraron, casaron, divorciaron y lucharon por un hijo para transformarlo en un cocainómano. Todo gracias a su ego. 
Los personajes en cuestión son Jeff Koons, famoso artista estadounidense que ya en los 80’s era considerado el sucesor de Warhol y de los artistas más cotizados del mundo; ella, Ilona Staller, mejor conocida como Cicciolina, ex pornstar húngara y ex-parlamentaria del Gobierno Italiano (y se quejan de Peña Nieto). 


Ambos en la cumbre de sus carreras profesionales, Jeff Koons y Cicciolina se encuentran por “casualidad” en Nueva York y dan inicio a la #PornoArtFakeLoveStory más hablada y cotizada en el mundo. Digo cotizada porque son de las fotografías porno más caras del planeta. 
Seguramente algunos de los lectores recordarán, si son fanáticos del arte contemporáneo (o del porno), la Biennale di Venezia de 1990 en la que Jeff Koons presenta la serie de fotografías y esculturas titulada “Made in Heaven”, donde los dos aparecen en escenas sexuales explícitas, causando clamor en lugar de escándalo por el contenido explícito. 
Si observamos la serie o simplemente todo el trabajo que Koons realizó concentrándose en su musa, es fácil identificar un impresionante batalla de ego en las obras que incluso se transforma en estrategia comercial y mercadológica en beneficio de ambos para luego destruirlos completamente. 


Tal vez este proceso de autodestrucción al que lleva el ego debe ser tomado en cuenta en el desarrollo de esta disciplina. Una batalla de ego que invita a pavonearse con el mejor proyecto de diseño que hemos hecho, la mejor foto, mi mejor maqueta, mi mejor clase, para nunca detenerse a intentar educar a las nuevas generaciones con lo que realmente hacemos. Debemos crear nuevos contextos creativos en los que realmente podamos comprometernos a un cambio. 
Decía Fabio Novembre en una entrevista[1] que de alguna forma siempre hay un cambio generacional en nuestra disciplina, una especie de carrera constante donde hay cambios de estafeta. Un cambio del que se debe ser consciente y corresponsable entre las generaciones, comentan. 


Creo que la estafeta que dejamos como maestros la dejamos inmediatamente con nuestros alumnos, es con ellos que hay que ser responsables con los contenidos y actitud que les estamos dejando, pues creo que nosotros queremos crecer y sobre todo tener cultura e información para compartir con ellos. O terminaremos como Jeff Koons y Cicciolina destruyendo el poco y buen trabajo de mucha gente que como muchos de ustedes, es consciente del cambio que se necesita en la profesión en México. 
Seguramente no soy el mejor ejemplo de persona o “designer” en este mundo, pero soy consciente de mi actitud y lo que causa en cualquier contexto que me rodea. No es malo como inicio. 
¡A hacer su parte!

Attanasio Mazzone

Diseñador industrial por NABA (Milán). Soy profesor en CENTRO (CDMX), fundador de la marca de mobiliario Notwaste, dirijo mi propio estudio de diseño. Me apasiona explorar nuevos materiales, procesos de diseño y nuevas dinámicas de investigacion. Creo que el diseño sí puede fomentar un cambio en el mundo.

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[1] En “Sign of Design” (2011) de la cadena de tv por internet Televisionet.
[2] En “Sign of Design” (2011) de la cadena de tv por internet Televisionet.

 

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