Sobre ego y diseño arquitectónico   

Arturo Revilla

 
 


Dejando a un lado las pretensiones, el ego debe todavía prevalecer: Para que un hombre logre todo lo que se le exige, debe considerarse más grande que él.
Johann Wolfgang von Goethe


Este texto es un esfuerzo por clarificar el ego como una condición histórica fundamental para el ejercicio del diseño arquitectónico. Pero antes quisiera advertir que no pretendo análisis psicoanalítico o recapitulación histórica, ni mucho menos un recuento de los muchos ejemplos ego-céntricos y narcisistas que andan por ahí. Mi propósito es hacer referencia a un momento ideológico preciso donde se conforma la tensión individuo-colectivo fundamental para entender el rol del ego en los procesos de diseño arquitectónico.   El problema reside en  que mientras en otros campos creativos, especialmente en el arte, el ego ha sido analizado extensivamente, hasta el punto de ser considerado fundamental para su producción (ego art[1]), su relación con la arquitectura y procesos de diseño ha sido siquiera explorada de manera superficial. La literatura que comúnmente evalúa su rol lo hace desde la perspectiva del “marketing” o “self-branding[2]”, con una actitud sospechosa y distante de sus procesos internos.  Lejos de esto, lo que pretendo es una reflexión desde las entrañas del proceso de diseño. 


Como el concepto es difícil de definir debido a sus diferentes acepciones, comenzaré por lo más simple. Ego en latín significa yo, y se entiende como la conciencia de la persona de percibirse en la realidad.  El yo individual, considerado en su aspecto consciente, se encarga de la realización de las actividades psíquicas y del control de los impulsos del ello (parte primitiva e innata de la personalidad) para adecuarlos a las reglas de la realidad externa o súper-yo (reglas morales y éticas recibidos de tu entorno cultural). De acuerdo con el pensamiento freudiano el ego es un verificador de la realidad, la inteligencia, la razón y el conocimiento de causa y efecto para aumentar la libido, las gratificaciones y poner freno a la pulsión de muerte. Comúnmente confundido con su estado patológico (egolatría), el ego, media entre el ello y el súper-yo completando el triángulo que estructural la psique humana. Consiente estoy que el proceso creativo es complejo e implica un análisis que este texto simplemente no puede cubrir. De esta manera, las siguientes líneas deberán leerse como una aventura retroactiva que utiliza la estructura freudiana para revisitar los principios básicos en que el diseño arquitectónico opera, y desde ahí proponer una lectura alterna a sus posibilidades y problemas.  

"Ego en latín significa yo, y se entiende como la conciencia de la persona de percibirse en la realidad (...) Comúnmente confundido con su estado patológico (egolatría), el ego, media entre el ello y el súper-yo completando el triángulo que estructural la psique humana."


El primer antecedente que la arquitectura tiene sobre la presencia del ego puede ser rastreado hasta sus orígenes. En el capítulo I de De Architectura, Vitruvio (C. 80-70 aC, c. 15 aC) distingue entre "lo que significa y lo que es significado", donde aquello que es significado (La Idea) es entendido como la entidad en discusión y que aquello que significa (El Material y sus Procesos) como su realización de acuerdo a principios científicos. (Schofield, R. 2009) En su libro Palacio Pitagórico, George Hersey explica “lo que significa” (quod significat) como los templos mismos y “lo que es significado” (quod significatur) como las ideas que describen los templos. El segundo puede ser escrito, multiplicado, memorizado y clarifica, confirma los valores numéricos y geométricos del primero (Hersey, G. 1975). Aunque Vitrubio explica que la buena formación de un arquitecto depende en el balance de estos dos polos, a lo largo de su tratado estos adquieren una clara secuencia donde la conceptualización y los procesos mentales anteceden a la materialización. La división Vitruviana define las bases de la relación clásica entre Lo Material y La Idea predominante en el pensamiento arquitectónico hasta nuestros días, pero también sienta el antecedente para que el proceso de concepción proyectual sea entendido como un acto de síntesis individual.


Fundada sobre De Architectura, De Re Aedificatoria de León Battista Alberti, tratado considerado cardinal en el desarrollo histórico de la disciplina, alberga en su núcleo esta oposición. En los primeros libros I, II y III, Lineamenta, Materia Etopus[3], Alberti divide la arquitectura en una práctica proyectual y en sus procesos de materialización. Lineamenta, la línea en la mente del arquitecto, es descrita como la herramienta para "encontrar la manera correcta y verdadera de unir y juntar las líneas y los ángulos que definen y encierran las superficies de un edificio" (Rykwert, Leach, Tavernor. 1988), y Materia, la presencia física y evidencia de la idea arquitectónica. Estos dos conceptos derivan directamente de los principios Vitruvianos, pero también de ideas filosóficas populares en su tiempo. En el libro Platonic Architectonics; Platonic Philosophies & The Visual Arts, el historiador John S. Hendrix  explica cómo los trabajos de pensadores de ideas neoplatónicas como Plotino, Pseudo-Dionisio, Nicola Casanus, Marsilio Ficcino, estaban a disposición de arquitectos, mecenas y artistas y contribuyendo a la generación de un clima único que combinaba el debate filosófico, teorías artísticas y las doctrinas teológicas de gran influencia en la Roma del  XV y XVI. Al centro de este debate la idea de que “el mundo corporal había sido construido bajo un patrón que solo puede ser comprendido por la razón.” (Hendrix 2011) La idea neoplatónica de Nous[4], un saber único compatible con el cristianismo, proporcionaría a los artistas un modelo coherente que permitiera cubrir los desfases entre la mente humana, los procesos de generación artística y los misterios del mundo natural. 

"La división Vitruviana define las bases de la relación clásica entre Lo Material y La Idea predominante en el pensamiento arquitectónico hasta nuestros días, pero también sienta el antecedente para que el proceso de concepción proyectual sea entendido como un acto de síntesis individual."


Proveniente de la síntesis entre; el idealismo platónico y el materialismo aristotélico,  la octava Eneadas sobre la belleza intelectual de Plotino (205-270 AD), separa lo material y la idea para explicar la forma como eso que entra a la materia a través del proceso intelectual. “La forma no está en el material; sino que está en la mente del artista antes de que entre en la piedra; y el artífice no lo sustenta entre sus ojos y manos sino por su participación (mental) en su arte.” (Smith, A.2016). Para los neoplatónicos, como para Alberti, los méritos de la obra de arte están en la comprensión racional de los principios cósmicos y en la codificación de las reglas científicas que comunican una organización superior hacia un estado material transitorio. Y aunque para Alberti "la armonía no es el resultado de la imaginación personal sino del razonamiento objetivo" (Wittkower 1952), es claro que el origen del proceso es de orden  individual. Un principio, una mente y una idea que posteriormente es razonada y comunicada, puesta a prueba. Esta estructura, parafraseada por  Le Corbusier al principio del siglo XX en su célebre frase, “La arquitectura es pura creación de la mente” (Le Corbusier, 1927) organizaría siglos de discurso y ejercicio arquitectónico en torno al individuo. Y aunque Le Corbusier no se refiere a la introspección como esencia de la arquitectura y sus procesos, sino al uso de la arquitectura para la transmisión de ideas abstractas, expone el problema práctico que la generación de ideas y su comunicación implica como centro del proceso creativo arquitectónico.


Mis puntos son varios. Primero reconocer que aunque de carácter sincrético la estructura Albertiana está fundada en principios Neoplatónicos los cuales han definido en gran medida la idea contemporánea de diseño arquitectónico, su organización interna y  procesos más íntimos. La idea arquitectónica y origen del proceso de diseño, sigue siendo entendida como la síntesis que se origina en la mente del arquitecto (singular), y este como el individuo que desencofra, comunica y negocia. Segundo, que existen paralelos entre esta fórmula y la estructura freudiana que no podemos ignorar. Es decir, si se asume (el ego) como el punto de referencia de los fenómenos físicos que media entre la realidad del mundo exterior, los ideales del súper yo y los instintos del ello (Freud, 1992), la tarea clásica del arquitecto de decodificar patrones de belleza[5] dando coherencia a lo corpóreo, mental y lo espiritual, se puede revisitar bajo la estructura del ello, yo y súper yo y así ayudar a repensar no solo ¿que ha sido el diseño?, sino ¿qué es?, ¿cómo suceden sus procesos? y ¿hasta qué punto este es un acto individual? Es decir, hasta qué punto este es ejercicio existencial por excelencia del yo, ese cuya función básica es la de negociar de acuerdo a un ideal de naturaleza parcial o universal la transformación de nuestro medio. Tercero, esta proyección retrospectiva pudiera ayudar a contrastar conflictos tradicionales en un contexto actual. Uno de los ejemplos más evidentes es la manera en que las plataformas digitales ponen en entredicho la originalidad de la idea y la naturaleza de la autoría bajo el principio de “diseño colectivo”, pero también el procedimiento lineal en el que esta tradicionalmente se conforma. Es decir, la multidireccionalidad de las plataformas digitales expone al diseño arquitectónico como un acto fusionado diluyendo la fase de introspección analítica y reflexiva, donde la estructura del “yo” que sintetiza y articula da paso a “el nosotros” conciliador. Aunque de ninguna manera estoy llamando  a perpetuar un modelo metodológico, creo que en gran medida el ejercicio y proceso de diseño se funda en la capacidad mediadora de “el ego”. Desde luego que el diseño arquitectónico tiene muchos matices y opera en escalas y contextos muy diversos que hacen que las ideas tengan que ser negociadas y adaptadas según las circunstancias, y es justo aquí donde reside mi última observación.

Mi punto es que el ego es la garantía última de la integridad de la idea, y su expresión la ventana donde el individuo se teje con el colectivo. El diseño arquitectónico está compuesto de muchas etapas donde una cantidad grande de disciplinas interactúan lo cual lo hace un ejercicio colectivo por naturaleza. Pero también es un ejercicio que, desde un escenario paralelo, se nutre en cada etapa de la capacidad de síntesis de la idea(s) arquitectónica cuyo origen no puede desasociarse del ego. 

Arturo Revilla

Estudió Arquitectura y Urbanimo en la Universidad Iberoamericana en CDMX y el MArch DRL en la Architectural Association (Londres). Ha colaborado con Javier Sánchez en CDMX y con Zaha Hadid Architects y Heatherwick Studio en Londres, donde ha coordinado diversos proyectos. Es tutor de historia y teoría en la Bartlett School of Architecture (Londres). Es candidato al PhD Architectural Design por la Architectural Association bajo la dirección de Brett Steele y Marina Lathouri.

 


Referencias
Lawson-Tancred, H. (1989). The Metaphysics. London: Penguin Books. P. 56
Heikamp, D. (1941) Scritti d’Arte di Federico Zuccaro.  Firenze: Leo S. Olschki Editore. P. 19
Smith, A. Plotinus. (2016) Plotinus Ennead: On Beauty (Enneads of Plotinus). Las Vegas: Parmenides Press.
Schofield, R., & Tavernor, R. (2009). Vitruvius, On Architecture. P. 5. 
Alberti, L. B. (1988). On the Art of Building in Ten Books, trans. Joseph Rykwert, Neil Leach, and Robert Tavernor. Cambridge, Mass.: MIT Press. 

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[1] Ego-Art es la batalla interminable entre el Sí mismo y el ego para definir la naturaleza de la realidad" Timothy John Cody
[2] Branding es el anglicismo que corresponde a la palabra del español marca, y que es usado para referirse a la promoción de la misma. En el contexto del diseño y este artículo, self-Branding se refiere a la promoción de la fusión entre la marca y la persona. Distorsión psicológica donde las dos se fusionan. 
[3] “El trabajo se puede dividir en tres partes. En el primero, los libros I, II y III, Lineamenta, materia y obra se ocupan de la arquitectura como diseño proyectivo, y con la construcción entendida desde el punto de vista de los materiales y la aplicación. Los libros IV y V, Universorum opus, singulorum opus, tratan la tipología de los edificios; Los cuatro libros siguientes, Ornamentum, sacrorum ornamentum, publici profani ornamentum, se dedican a la definición estética de la arquitectura. Por último, el libro X, Operum instauratio, se refiere al resoration” Pietro Roccasecca (Accademia di Belle Arti, Rome)  2009
[4] Aunque no hay una traducción adecuada de este término la mayoría de los autores lo identifican como espíritu o inteligencia mística. El Nous puede ser entendido como el concepto Neoplatónico para describir "la inteligencia pura" y “unidad total”. Este concepto fue famosamente promovido por La Academia Platónica de Florencia fundada por Marsilio Ficino en el siglo 15. 
[5] El hombre es la imagen de Dios y las proporciones del cuerpo son producidas por la voluntad divina, las proporciones en la arquitectura, tienen que abrazar y expresar el orden cósmico.". (Rykwert, Leach, Tavernor. 1988)

 

 

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