¿Somos nuestro peor enemigo? 

Melisa Aldrete

 
 

"But the main thing is that it is not about money. There is not the stress of money in the city. It has a relaxed environment, which also makes it creative: things are moving and there's a young crowd. There's not a huge design crowd, but I'm not interested in having that close to me.”  Hella Jongerius

Conectar puntos siempre ha sido una base clave para el comienzo de algo, todos nos llegamos a preguntar el qué hacer o cómo hacerlo. Diseñar sin algún tipo de filosofía tiende a ser accidental, la falta de un discurso propio hace a un objeto vacío, el diseño con un punto de vista totalmente personal se inclina hacia el arte. “¿Que diferencia tiene lo que haga?”, cuestiones evidentemente normales “¿Cual es mi concepto?” “Mi gran firma de diseño” ¿Gran firma para quién?

Nuestra comunidad creativa tiende a operar mayormente en una imagen de sí misma, un precario sentido de autoestima, frágil, controlado por palabras como emprendedor o creativo. Vivimos con una necesidad de ser el foco de atención, en redes el “check in”: lo que estoy comiendo, check, el evento en el que me encuentro, check. La comunicación se dirige hacia el yo, al adorar a tremendo individuo que actualiza su estatus diariamente.

Sumergidos en una industria que ha logrado manipular perfectamente nuestras inseguridades y alimentar nuestra vanidad a través de la explotación de nuestras capacidades, encapsulándolas bajo áreas profesionales: diseño de producto, diseño de modas, diseño integral, gráfico, editorial, web, industrial, textil, artesanal, de empaque, de interiores, etc. ¿Por qué un creativo diseñador gráfico no podría diseñar una prenda? Hablamos de hacer las cosas por el simple gusto de hacerlas, quitando el apellido de los diseños. Cuando se aprende una habilidad, volteamos a un repertorio complejo de estos mismos procedimientos rutinarios y solo así esta calidad emerge de un juicio hecho por una inteligencia sensorial, tácita y de una inclinación hacia el pensamiento más que hacia la vanidad.

Christopher Butler escribe para Newfangled (Butler, 2012): “No fallamos en el diseño por la falta de herramienta, tiempo, dinero o el cliente correcto. Fallamos en el diseño por nuestra falta de visión, no fallamos en el diseño, fallamos en nuestro diseño”.

¿Es imparable nuestra compulsión de crear? Una necesidad que tenemos que llenar bajo cualquier rubro: arquitectura, diseño, artesanía, gastronomía, literatura, video, danza, pintura. Linds Redding define este impulso como “an itch that has to be scratched”.  

Un impulso de reconocimiento por lo que hacemos, uno que generalmente de algún colega y que tiende a ser más valioso que un cheque.

El futuro tiende a la rapidez: ideas rápidas, producción rápida, bosquejos, moodboards, una práctica en la que un diseñador se siente cómodo, una “repentina”, filtros de fotos, esquemas, brainstorming. Pintamos una realidad virtual bajo la plataforma social y nos perdemos en una imagen que existe bajo un fondo retocado y en la que pocos nos identificamos. Por qué no mejor el incubar ideas, que se fermenten, se transformen, desarticulando diferentes procesos, agregando nuevas formas de comunicar nuestra propia esencia y discurso. Las redes sociales ayudan como plataforma de difusión, pero ¿Qué calidad de información difundimos?

Los procesos de diseño y del arte se han digitalizado, industrializado, mecanizado. Las ideas mismas se han convertido en desechables para muchos, en cuanto se encuentra la que se maquila a bajo costo la industria no piensa dos veces. La idea tiende a valer menos que un souvenir.

Dejemos de encasillarnos. Hibridemos nuestra vanidad para transformarla en creación consciente, que alimente una estética propia, pero que contenga un discurso propio, digerido y fácil de comunicar.  Karl Marx decía, de una manera muy clara: “el artesano practica la actividad de dar forma”. Enfatizaba que las relaciones sociales  y personales se desarrollaban  a través del hacer actividades físicas, habilitando “el desarrollo integral de la persona”. Lo difícil y lo incompleto son eventos positivos en nuestro aprendizaje y entendimiento, aspectos que deben estimularnos de una manera en la que la manipulación maquinada y simulada no pueden hacerlo. Poner nuestro ego a prueba y lograr algo que contenga un cuerpo no solo en el objeto como materia sino también en el objeto como concepto. El conflicto en la cuestión del trabajo bien hecho y de calidad responde a cómo se deben de hacer las cosas y también al cómo hacer que funcionen. El punto es resolver la cuestión para que el objeto pueda ser usado, pero para el absolutismo del ego, cada imperfección es un fracaso; y para el aprendiz, la obsesión con perfección parece la receta del fracaso. Mientras más perfecta sea la habilidad más altos sus estándares.

Optaría por mantener el título de aprendiz, elevando cada vez los estandartes propios, que habiliten la comunicación y expresión. Abracemos nuevas formas de crítica, pensemos fuera del diseño, en enfrentarnos a nosotros mismos.

Melisa Aldrete

Estudió Dirección de Arte en la Universidad de las Artes en Londres. Su trabajo se centra en la creación de piezas cerámicas poco convencionales. Co-fundadora del estudio Popdots y fiel cómplice de la Merma.


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Referencias:

Butler, C. (2012). Your Ego is a Bad Designer. Newfangled. www.newfangled.com/your-ego-is-a-bad-designer/

Redding, L. (2012). A Short Lesson in Perspective. The San Francisco Egotist. www.thesfegotist.com/editorial/2012/march/14/short-lesson-perspective


 

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