Lo que (no) sé de diseño. Primeros 10 años

Ana Paula Lafaire

 
 

A diez años de haber entrado en contacto con la idea de estudiar diseño, tomo esta oportunidad para mirar en retrospectiva mi trayectoria. Reflexionar acerca de mis sesgos como diseñadora y entender los eventos que influyeron en mi desarrollo desde otra perspectiva. 
La memoria de tener-que-tomar-la-primera-decisión-relevante-en-mi-vida “¿qué carrera estudiar?” vuelve con la sensación en el estómago de miedo a fracasar y a no pertenecer. Hasta ese momento, la rutina de mi vida era algo que no había cuestionado seriamente. Había estudiado en la misma escuela por quince años seguidos y después de cada verano el ciclo se repetía. Pero ahora yo tenía que decidir en qué enfocar mi energía por los siguientes cuatro o cinco años. Pensar en el futuro me abrumaba. Cargar con la responsabilidad de un posible fracaso me paraliza ¿En qué tipo de carrera sería exitosa? ¿Existe una carrera que asegure dinero, estabilidad y felicidad? ¿Lograría ser una adulta productiva en esta sociedad? ¿Quería ser una adulta? ¿Qué es ser adulto? ¿Qué es ser productivo en sociedad? ¿Cómo se puede medir el éxito?


En medio de toda mi confusión me enteré de la existencia del Diseño Industrial. Para calmar las ansias de mi mente decidí informarme acerca de la oferta educativa en la ciudad: visité las principales universidades, me metí a los talleres, olí las bibliotecas, escuché maestros, platiqué con estudiantes, probé la cafetería, leí el plan de estudios, observé los trayectos, calculé dinero y llevé a cabo dos procesos de admisión. Sin saberlo había realizado un discernimiento ayudada de la experiencia estética. John Dewey nombra ésta experiencia como la forma de estar plenamente vivo. Esto sucede cuando nos encontramos concentrados en el aquí y el ahora, uniéndonos con el medio ambiente sin los pensamientos de pasado o presente[1]. Tomé la decisión de estudiar en el CUAAD[2] con la promesa de que me formaría como una diseñadora industrial que: 


(…) atiende a la solución de productos acorde a las necesidades de la sociedad que los demanda, de la industria que los produce, y al medio ambiente que los sustenta. Tiene un gran campo de acción tanto en la industria como en el desarrollo del ejercicio profesional independiente, actualmente una parte del éxito en la actividad del sector productivo depende de las posibilidades que éstas tengan de implementar estrategias de diseño y desarrollo de productos.”[3]


Estudiar la carrera representó para mí un reto en todos los niveles. Me di cuenta que necesitaba plantearme objetivos de aprendizaje y estrategias para obtener los recursos necesarios. La universidad pública y su fascinante burocracia es el mejor campo de entrenamiento para desarrollar esta habilidad básica en la vida, yo la llamo: navegar el sistema y sacar lo mejor de él. Me volví ágil en hacer horarios priorizando clases con maestros apasionados por el diseño, evitar o minimizar a los que no tienen interés en la enseñanza y sin embargo están empleados como profesores. La materia central de la carrera se trataba de desarrollar proyectos a partir de un brief entregado por los profesores. El ejercicio era explorar el proceso de diseño a partir de una problemática hipotética, con algún material en específico o cierto proceso de la industria local[4]. El resultado debía ser un producto, prototipo o modelo acompañado de un documento de investigación. El profesor hacía las veces de cliente y se tomaba en cuenta la viabilidad de producción, los materiales, costos y planos desarrollados. Las exposiciones finales eran breves, sin espacio para la reflexión acerca de los resultados de aprendizajes o el trasfondo de los proyectos. Duré casi cinco años formándome en la universidad, más otros cinco años en el campo profesional y aún resuenan en mí situaciones que no puedo entender. Incongruencias y controversias que la “realidad” afirma que “así son”. Hoy cuento con más elementos teóricos para darles una lectura diferente. La visualización es poderosa.

 "El mundo no sólo “sucede” sino que existe porque lo producimos colectivamente."


Si tomamos como punto de partida que “el Diseño no tiene un objeto de estudio fijo y la metodología que emplea es versátil, basándose en el Arte para pensar y experimentar” [5], podemos entender el Diseño como un proceso continuo que integra el “conocimiento tácito”[6] con la imaginación para crear una posible solución a situaciones complejas. Richard Buchanan clasifica este continuo descubrimiento en cuatro órdenes que van aumentando en grado de complejidad, explica cómo el diseño impacta el mundo de los signos, cosas, acción y pensamiento a través de símbolos, imágenes, artefactos materiales, procesos, servicios hasta sistemas y valores[7].  El mundo no sólo “sucede” sino que existe porque lo producimos colectivamente. Podemos decir entonces que el diseño es político y que la actividad de imaginar es poderosa. Sin embargo, el sistema social actual separa el poder de imaginación de la labor de interpretación, creando jerarquías de desigualdad y dominación: violencia sistémica[8]. Ejemplo de esto son los empleos de las fábricas y los cuidados domésticos. Una jerarquía donde unos crean y otros producen sin espacio para participar en la creación[9]. 


Mi primer observación es que al estudiar “Diseño Industrial” no exista un espacio para reflexionar acerca de ¿Qué es diseño industrial? ¿Por qué industrial? ¿Cómo es esa industria? ¿Estamos de acuerdo con esa industria? ¿Qué hay detrás de esa construcción social? Y entonces proseguir con la pregunta ¿Qué tipo de Diseñador Industrial se quiere ser? Creo que las universidades son, o deberían ser, un espacio seguro para cuestionar dogmas, deconstruir lo que se da por hecho y explorar alternativas. El diseño cuenta con las herramientas para explorar estos temas de manera teórica y abrir el diálogo de manera creativa y práctica, creando puentes entre academia, industria y sociedad. La iteración y reflexión constante es lo que evita que se estanquen las ideas y se caiga en la indiferencia infertil. Hacer un meta-análisis sobre la educación con la que nos formamos como diseñadores en México es importante, ya que pone de manifiesto los problemas estructurales de la sociedad. La educación refleja la mentalidad del sistema, si no se nombra no se ve, si no se ve no se critica, si no se critica, no se avanza. Si el diseño es político, asumamos la responsabilidad  y el poder que tenemos para impactar a la sociedad e involucrémonos de manera activa en cuestionar los sistemas que se espera que reproduzcamos. Sin embargo estamos ante una coyuntura donde sistema educativo que nos forma y la industria que nos emplea no están abiertos al cambio, ni a compartir el privilegio de imaginación ¿Cuántos años sin cambiar el perfil de egreso? Al menos desde el 2007.

"Las universidades son, o deberían ser, un espacio seguro para cuestionar dogmas, deconstruir lo que se da por hecho y explorar alternativas."


En un sistema donde el trabajo creativo y la toma de decisiones sólo corresponde a la élite, diseñar es considerado un lujo. No se entiende el valor del diseño y no se destina tiempo ni presupuesto. En mi experiencia profesional la mayoría de las tareas que desempeñé consistían en administrar procesos y cuando se requerían propuestas de diseño me pedían usar mi creatividad para “adaptar”[10] algún concepto existente para hacer viable su fabricación e instalación. El nicho de mercado de carpintería fina es un contraste impresionante entre dos Méxicos: el que “demanda” una puerta de 5 mts de alto en madera sólida de nogal y el que la produce con sus manos. Mediar entre estas dos realidades era mi trabajo. Fue entonces que junto a mi socio decidimos emprender y crear un taller de carpintería donde pudiéramos colaborar en proyectos de diseño sin la jerarquía de un jefe[11]. Para mí significaba un acto de rebelión ante la realidad sexista del medio, una reivindicación simbólica que buscaba por medio del trabajo en equipo lograr un espacio para el diseño. Sin embargo en la práctica me encontré intentando balancear la demanda de labores administrativas (ventas, presupuestos, cotizaciones, compras, recursos humanos) , diseño y dirección de empresa. A pesar de tener acceso a los recursos necesarios para crear, no tenía energías para experimentar. ¿Cómo se mide el éxito? 
“Chamba es chamba”, pero en inglés “job” y “work” no tienen el mismo significado, en otras culturas existe una diferencia más clara entre la concepción de empleo remunerado y actividades que se realizan más allá de fines lucrativos. Yo no entendía esta separación de “trabajo”, tal vez por la cultura laboral en la que me he desempeñado, donde se considera virtud ser trabajadora. Los límites entre vida privada y profesional se volvieron borrosos, lo urgente desplazó a lo importante. De telón de fondo la desigualdad socioeconómica del país. Me causa conflicto interno, que debido a ésta desigualdad haya una oferta y una demanda por carpintería fina. A veces siento que al participar en esta industria acepto y refuerzo este sistema. ¿Es posible pensar en una forma donde el diseño cuestione y desafíe el status quo?


Me di cuenta que iniciar y mantener un negocio que emplea seis personas, no es tarea fácil. A pesar de la gran oportunidad que representó colaborar y crecer con el taller, necesitaba adquirir nuevos conocimientos y contrastar los que tenía. Afortunada por el respaldo de mi socio y del equipo de trabajo, pude partir. Los muebles de madera, como objetos de diseño, me encantan, pero los procesos intangibles de diseño detrás de ellos me gustan más. Vine a buscar un espacio seguro para explorar y cuestionar. Volví a la universidad.  

Ana Paula Lafaire

Diseñadora industrial por la Universidad de Guadalajara. Estudiando el segundo año del MA Business and Design en HDK (Högskolan för design och konsthanverk en  Gotemburgo, Suecia). Cofundadora de Mádica. Coescribo en medium.com/thoughts-on-business-design

Feminismo, diseño, política, poder, cultura pop. Me encantan los museos y los beagles. “Trust the process”.


________________
[1]  Dewey, J. (1934). Art as experience (New.). New York: Perigee books. 
Rylander, A. (n.d.). Pragmatism and Design Research. Retrieved from http://www.designfakulteten.kth.se/sites/default/files/designfpragdesignrapport_18.4.pdf
[2] Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño de la Universidad de Guadalajara
[3] Perfil de egreso de la carrera de diseño industrial 2017, mismo que en 2007 http://www.cuaad.udg.mx/?q=oferta/licenciaturas/ldi/perfil-de-egreso
[4] La Universidad describe que “el ejercicio profesional, el Diseñador Industrial de la Universidad de Guadalajara se desempeña tanto en el sector público como en el privado, ya sea en la industria del mueble, textil, calzado, joyería, juguete o automotriz, entre otras, en el diseño y desarrollo de nuevos bienes y servicios, además de contribuir con mejoras a los existentes (…)” http://www.cuaad.udg.mx/?q=oferta/licenciaturas/ldi/campo-profesional
[5] Tomado de presentación de PhD. Ulises Navarro Aguilar, 23 enero 2017.
[6] Sennet explica el término “tacit knowledge” como la sabiduría que se adquiere por la práctica y no de manera oral o escrita. Sennett, R. (2008). The craftsman. New Haven: Yale University Press.
[7] Buchanan, R. (2001). Design research and the new learning. Design Issues, 17(4), 3–23.
Buchanan, R. (1992). Wicked Problems in Design Thinking. Design Issues, 8(2), 5. https://doi.org/10.2307/1511637
[8] David Graeber (2015). The Utopia of Rules. Melville House. p 89.
[9] Idem. p 94.
[10] Eufemismo para copiar a partir de imágenes de catálogos o de Pinterest.
[11] La evolución de estructuras jerárquicas a lineales crea la falsa ilusión de libertad y control sobre el propio destino. Los clientes se vuelven los jefes. El capitalismo sigue siendo el mismo. L. Boltanski & E. Chiapello. (2005) “The New Spirit of Capitalism”. International Journal of Politics, Culture, and Society 18. 3-4

 

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