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Diseño Social y el "cuarto de enfrente"

Elisa Otáñez

 
 

Una no puede empezar a explicar qué es el Diseño Social sin un proyecto que lo pueda ilustrar. De Voorkamer es un lugar de reunión para refugiados en Utrecht, Holanda donde sus integrantes pueden decidir entre solo tomar una taza de café árabe, sentarse a jugar un juego de mesa o incluso a diseñar.


A inicios del 2017 empecé a colaborar en este proyecto siendo mi primera experiencia como Diseñadora Social. De Voorkamer es una plataforma que promueve las diferentes habilidades y talentos de personas que viven centros para refugiados. Colateralmente, genera encuentros entre ellos y la sociedad local para acortar los abismos culturales. El marco del proyecto se basa en talleres que siguen una cronología: primero conocer las capacidades creativas y técnicas de cada participante para después generar propuestas de diseño y crear los objetos o experiencias. 


Utrecht tiene un centro de solicitantes de asilo donde las capacidades e intereses del individuo generalmente no son apreciadas. De Voorkamer le ofrece a los refugiados espacio y herramientas para demostrar sus habilidades y talentos mientras colaboran con profesionales locales. Cada año De Voorkamer tiene varios ciclos de proyectos con nuevos grupos donde se reconocen sus habilidades como creadores. Con apoyo de profesionistas locales crean artefactos diseñados por ellos –desde sillas con herrería hasta ilustraciones y cojines-, eventos musicales o programas de interés personal.
El Diseño Social en De Voorkamer es el diseño de relaciones sociales entre refugiados y locales en una localización determinada. En mi experiencia dentro del proyecto, aprendí que esto puede suceder de dos formas distintas: de forma activa y pasiva. 

"Debemos comprender, que al escuchar, una es un vaso que se llena sin olvidarse que es el medio y la dirección de los proyectos."


Activamente el Diseño Social pretende formar programas socialmente sostenibles a través de sesiones de creación, con la materialización de las ideas y una culminación en proyectos o eventos. El componente pasivo es geográfico, ya que De Voorkamer está localizado en un barrio holandés cerca del centro de Utrecht, lo que provoca un desplazamiento de los refugiados fuera de su centro –donde predomina su cultura- a presentarse en un nuevo tejido cultural pero sin deshacer sus lazos culturales. Asimismo, los vecinos del local de De Voorkamer son invitados a conocer el proyecto a la vuelta de su casa, lo cual crea los nuevos vínculos sociales.
En mi opinión el impacto del Diseño Social es, paradójicamente, lo que los refugiados no notan que lograron. El dicho ‘‘el buen diseño no se nota’’ aplica aquí por igual. En conversaciones, un padre de familia de Siria me cuenta que va a De Voorkamer para ‘‘sentir la familiaridad de estar en su trabajo’’, mientras una madre, también de Siria, me comparte que ‘‘ese es el lugar para tener una conversación seria con su hijo’’. 
El Diseño Social convirtió a De Voorkamer en un lugar de reunión entre personas de Siria, Pakistán, Líbano, Eritrea y Holanda con la mera excusa de crear, con la mera excusa del diseño. A diferencia del diseño de producto, el Diseño Social no necesariamente se trata sobre los objetos, sino sobre la capacidad de reunirse y ofrecer un espacio creativo: la capacidad coreográfica de las personas.


Profesionalmente yo continúo en un proceso de aprendizaje sobre lo qué es el Diseño Social. El aprendizaje aún en curso me enseña que una Diseñadora Social debe diseñar para los demás sin dejar espacio a su ego. Esto no significa olvidarse de nuestra marca creativa, pero sí requiere entender que el resultado de diseño no será una personificación del diseñador o diseñadora. Si bien debemos ser fieles a nuestras filosofías como creadores, también es fundamental no proyectarnos ni imponernos hacia los demás ya que el Diseño Social no es efectivo de esa forma. Por otro lado, uno de los mayores retos a los que me he enfrentado en De Voorkamer es que el Diseño Social demanda balancear inteligentemente cantidades de empatía y profesionalismo. Debemos comprender, que al escuchar, una es un vaso que se llena sin olvidarse que es el medio y la dirección de los proyectos.


Ubicado en la esquina y con dos paredes de cristal que empiezan desde el techo y bajan hasta el piso, la transparencia del local de De Voorkamer invita a cualquier peatón a entrar. De Voorkamer en español significa ‘‘El cuarto de enfrente’’ y representa perfectamente lo que siente una cuando entra a un recibidor, al primer cuarto de cualquier casa cálida: siempre bien recibida.

 

Elisa Otáñez

Diseñadora industrial de la UANL. Actualmente estudio una Maestría en Diseño Social en Design Academy Eindhoven, Holanda. Mi mayor interés es el alcance del diseño en la transformación social y su función en temas de desigualdad. 

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