La dimensión política del diseño. El diseño como herramienta de poder. 

Luz E. Rodea S.

 
 

Empecemos por conceptualizar, desde lo más básico, para no entrar en discusiones complejas y más elaboradas; diseño es ese proceso que configura o crea un esquema de algo. Sea cual sea el resultado, el diseño es el medio para crear.

Aunque normalmente se relaciona con la industria creativa – y con eso, cabe aclarar, me refiero a lo relacionado con lo estético - el diseño también tiene que ver con todo lo que conocemos como seres humanos. Está inmerso en todas nuestras acciones, desde cómo y en dónde dormimos, las calles donde caminamos, la forma en la que comemos, cómo… y esa función define cómo es que vivimos, implica que influye en cómo nos desarrollamos. Por su parte, la ciencia política analiza y estudia cómo se desenvuelven las relaciones entre las personas, tomando como base las formas de ejercer el poder. De hecho, todas las ciencias sociales estudian este tipo de relaciones desde distintos ángulos; la sociología lo hace desde las circunstancias sociales, la antropología, desde las manifestaciones culturales, etc.

Visto desde ese ángulo, y considerando que una disciplina se dedica a definir cómo vivimos, mientras la otra estudia cómo nos relacionamos en ese espacio, uno creería que dentro de la formación de politólogos y diseñadores, la relación entre ambas y los objetos de estudio serían pilares en el ejercicio de los profesionales. Pero no es el caso. Al menos en la formación de los politólogos a la que he tenido acceso, no se considera cómo el diseño influye en la vida de los sujetos que estudiamos, y mucho menos qué soluciones podría brindar a problemáticas sociales; no se valora como una herramienta que tiene el poder de definir esquemas sociales ni algo con una gran relevancia metodológica. Y, por lo que he percibido, en la formación de los diseñadores industriales se hace muy poco énfasis en la forma en que su trabajo repercute en la configuración de las dinámicas sociales de manera profunda.

Por supuesto, esto es un error. La dimensión política del diseño es tan amplia que a través de su producción y ejercicio se han desatado estructuras que han dado pie a todo lo bueno y lo malo que existe en el mundo hoy en día. Esta afirmación podría sonar exagerada, pero si lo examinamos profundamente, podemos ver que no es así; tomemos de ejemplo las conocidas dinámicas de la Ciudad de México y formulemos un ejemplo hipotético; la zona de Santa Fe y sus alrededores donde coexisten “los ricos y los pobres” y que, en muchas ocasiones, están separados solamente por un muro - o alguna división física destinada a impedir la convivencia, sea cual sea la razón.

En Santa Fe hay dos barrios; uno es un fraccionamiento ultra-exclusivo y el otro es una colonia que casi se asemeja a una favela. La separación consiste en la barda que rodea la “privada” y quizás una serie de caminos no diseñados para el tránsito peatonal. En cada lado se desarrolla un tipo de vida distinto que funciona a partir de muchos objetos y estructuras; en el fraccionamiento las vías se destinan para el tránsito prácticamente sólo de vehículos motorizados y con ciertas características, mientras que en la colonia circula lo que pueda circular, pues casi no hubo planeación previa para diseñar las calles.

Las casas en el fraccionamiento son amplias, contemporáneas, interiores cuidados, última tecnología en iluminación y ventilación, acceso a servicios enteramente planificados para dar una vida de lujo. Por otro lado, en la colonia marginada, las casas fueron hechas conforme a las posibilidades inmediatas de sus habitantes; no son uniformes, ni tienen una función más allá del resguardo. Algunas se encuentran aún en obra negra, con una planta y lo que parece ser la intención de ampliar la construcción, otras se edificaron con materiales de desecho y un poco de materiales permanentes para darle “mayor estructura”. No se diseñó, o al menos no de manera formal, un estilo dentro de la vivienda, la iluminación no está intencionada y los servicios no siempre responden a las necesidades de sus habitantes.

Los objetos dentro de las casas también desenvuelven distintas dinámicas; muebles “de diseñador” o muebles producidos en masa sin mayor intención estética, aparatos de cocina high-tech contra utensilios convencionales, camas, sillas, lámparas, pantallas, pisos, estantes, sanitarios. Todo lo contenido ahí contiene diseño y responde a una dinámica social y política.

Retomemos el mismo ejemplo, visto desde un punto de vista sociopolítico: el fraccionamiento fue edificado a partir de una concesión otorgada a una empresa constructora con la intención de responder a las necesidades de vivienda de la población con gran poder adquisitivo. Se eligió ese punto por ser una zona con las características necesarias para dar el estatus de exclusividad a sus habitantes. Es una zona “nueva y con crecimiento” y representa una alternativa para quienes buscan alejarse de las colonias tradicionales de la Ciudad de México, que comienzan a hacerse peligrosas, por lo que la delegación dio el permiso -con su pago correspondiente- para vivir ahí. La colonia, por otra parte, tiene más de 30 años de antigüedad; sus habitantes llegaron ahí a finales de los 70 o principios de los 80, expulsados de otras partes de la República por la falta de oportunidades,  se vieron en la necesidad de instalarse en ese punto por ser terrenos baratos - dada la lejanía con el centro de la ciudad - y comenzaron a edificar sus viviendas conforme sus posibilidades lo permitieron. Poco a poco fueron haciéndose de servicios, quizás legal o ilegalmente y sin ningún tipo de planificación. Sólo surgió y a través de cabildos políticos se dio el permiso de vivir ahí.

Los objetos dentro de las casas también dependen de dinámicas sociales; muebles, utensilios y cosas que reflejan un poder adquisitivo contra muebles producidos en masa con requerimientos mínimos como parte de una política de consumo orientada a cubrir necesidades básicas[1]; unos que fueron sustentados en políticas verdes para el ahorro de energía y protección del medio ambiente, contra unos que no. Si escarbamos y analizamos a profundidad cada uno de los objetos nos daríamos cuenta que su funcionalidad ha derivado de un proceso social y político, algunos de manera muy obvia, otros no tanto, pero ninguno se encuentra exento de esa naturaleza y, por lo tanto, de esa correlación.

La comparación entre las dos Santa Fe es un lugar común cuando se habla de esta división, precisamente por ello lo elegí para ejemplificar la correspondencia entre el diseño y lo sociopolítico. En cada ciudad existen dinámicas mucho más complejas, pero no por ello menos importantes, en las que tanto politólogos como diseñadores podríamos analizar cómo hacer uso del diseño para dar soluciones e incluso, cómo es que el diseño ha permitido, fomentado o reproducido dinámicas sociopolíticas, tanto buenas como malas.

Esta conexión diseño-política se puede encontrar en otras dimensiones; los diseñadores, por ejemplo, toman abstracciones y las transforman en elementos con valor estético que pueden expresar identidad. Ésta, a su vez, puede reflejar o formar parte de una cultura o colectividad con un gran peso político; desde el arte huichol hasta la iconografía punk, los objetos reflejan procesos sociales – vamos, hasta el minimalismo es una respuesta a situaciones sociales traducidas en la estética.

Esta dimensión política del diseño toca todos los temas posibles; género, implementación de políticas públicas, medio ambiente (que posiblemente es el tema con mayor recurrencia) y uno de los problemas más grandes a los que se enfrenta la humanidad en estos días: la creciente desigualdad. La cuestión es ¿cómo podemos hacer los profesionistas de las ciencias sociales y la política para ser conscientes de la herramienta tan valiosa y fundamental que es el diseño en el ejercicio de nuestras labores? Y más importante aún ¿cómo pueden los diseñadores  apropiarse de ese poder y utilizarlo de manera integrada en sus decisiones de diseño?

Luz E. Rodea. S

Es Lic. en Ciencia Política y Administración Pública por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Realizó una estancia en el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po). Se especializa en consultoría política y ha trabajado en proyectos como “Construyendo un enfoque integrado sobre la desigualdad; campañas pilotos territoriales” de OXFAM México y Diagnóstico Regional sobre políticas y presupuestos con perspectiva de género en seguridad alimentaria para OXFAM GB, entre otros.  

@luz.rodeas


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[1] Tomando en cuenta que la producción industrial de ciertos elementos muchas veces responde a políticas de impulso al consumo para cubrir necesidades básicas, y de ahí se crean cadenas de producción más complejas.

 

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