La otra cara del artesano

Santiago Vega

 
 

Durante toda mi formación como diseñador industrial siempre estuve en contacto con comunidades artesanales, artesanos de herencia familiar o maestros con aprendices. En Oaxaca, Jalisco y Michoacán, principalmente, conocí talleres que parecían ser más espacios de reflexión y aprendizaje que sistemas de producción. Vi las delicadas y al mismo tiempo robustas manos del artesano trabajar con una destreza que parecía bailar con ellas. Percibí la paciencia y dedicación que requiere la labor manual. No fue una búsqueda que yo haya planeado, simplemente fue la opción más viable como estudiante para producir objetos. 
A lo largo de mi experiencia puedo concluir que todos los artesanos comparten una visión, una forma de pensar que parece no encajar en el sistema por consciente o no, se reflejaba en su trabajo, su persona y su taller. Al cuestionar a más personas sobre la importancia del artesano siempre caían en la misma respuesta por la tradición y su valor para generar una identidad, el cual no desacredito de ninguna forma. Sin embargo, considero que, específicamente en México, es peligroso recurrir todo el tiempo al valor de la tradición ya que nos mantiene estáticos. Para mí representa algo más, algo que se opone al sistema actual. Una visión que humaniza el trabajo, la educación, la tecnología y los valores sociales.


Diseño industrial nace a partir de la industria, la producción masiva de objetos. ¿Qué constituye emplear artesanos para la profesión? ¿Qué representa utilizar la mano como fuente de creación y producción?
Para entender al mundo hay que usar las manos. De acuerdo a Gabriel Zaid, todo trabajo manual requiere inteligencia y todo trabajo intelectual requiere de las manos. Vivimos en un mundo físico, vivo y material. Nuestros sentidos se basan en el mundo tangible: sentimos materiales, vemos colores, construimos estructuras y creamos herramientas a partir de la materia. La dualidad del hombre es mente y cuerpo. Durante la historia, el hombre occidental ha enfatizado su esencia en el saber, en lo intangible, lo invisible, nos hemos convertido en seres cada vez más abstractos y dejado a un lado el valor del conocimiento físico. Desasociamos el ámbito material del analítico, lo conceptual de lo físico, desacreditamos y desvalorizamos el trabajo manual sin darnos cuenta que es esencial para el pensamiento abstracto. “En la interacción humana se estima que el 80% de la comunicación tiene lugar fuera del canal verbal y conceptual” (Pallasmaa, 10). La mente piensa a través de todos los sentidos, cada uno tiene su propio lenguaje y cada uno aporta conocimiento esencial. 
Es desde la educación que desvalorizamos el trabajo manual. Los programas escolares carecen o no tienen ningún elemento relacionado con el trabajo de la materia, en cambio todo se basa en materias abstractas. ¿Por qué no podemos llevar cálculo diferencial y modelado en arcillas en educación básica? ¿En qué momento consideramos inútil trabajar las manos y el cuerpo? 


En el trabajo, el fenómeno se intensifica. Para Marx el trabajo trasciende más allá de la simple remuneración económica. Menciona que el hombre es un ser activo, no pasivo; el movimiento es constante, tenemos un impulso natural a movernos y ese impulso debe estar presente en todos los trabajos. El trabajo es el medio para plasmar habilidades físicas y mentales del hombre. Como resultado se convierte en un fin y no un simple medio. Los procesos industrializados y la tecnología han optimizado todas las técnicas y producción de bienes, sin embargo, nos han hecho torpes en las manos y convierten el trabajo en una actividad alienante. El ideal trabajo es librarse de él, todo método que “reduce el peso del trabajo” es una cosa buena. 
En contraste, el trabajo que representa el artesano es lo opuesto a la visión contemporánea: un trabajo pasional lleno de descubrimientos personales y entendimiento a los procesos. “La recompensa emocional que la artesanía brinda con el logro de la habilidad es doble: el artesano se basa en la realidad tangible y puede sentirse orgulloso de su trabajo. Pero la sociedad ha obstaculizado estas recompensas (…)” (Sennett, 33).
Toshio Odate menciona que ser artesano significa no sólo tener habilidad técnica, sino también implica una actitud y conciencia social, una obligación social de trabajar lo mejor posible para el bienestar general del pueblo, una obligación tanto material como espiritual.

 "Ismael Fajardo. El Rosario", foto por Santiago Vega  (Proyecto Artesanos Barro)

"Ismael Fajardo. El Rosario", foto por Santiago Vega  (Proyecto Artesanos Barro)


Vivimos en una cultura “material” sin saber realmente lo que esto implica para formar una cultura mercantil (de la materia como mercancía) donde el valor radica en los costos bajos y la rapidez de producción, una cultura donde el impacto recae sobre el planeta. La verdadera cultura material es la apreciación a la materia, la contemplación de las cosas y su uso adecuado, por ende promueve un sistema respetuoso con el planeta. El artesano valora y respeta a su entorno y sus recursos. Debemos revalorizar la forma en la cual hacemos objetos, no olvidar que nosotros somos la clave de ese conocimiento. Schumacher plantea “una tecnología con rostro humano, que en lugar de dejar cesantes las manos y los cerebros humanos los ayude a convertirse en mucho más productivos.” (Schumacher, 135). La tecnología es clave para el desarrollo simplemente debe de ir al lado del hombre. El progreso que hemos generado ha sido para optimizar la producción de objetos. Eficientar procesos, costos y tiempos a costo de generar condiciones de vida que no favorecen al hombre, solo a la producción. 


Los artesanos quedarán como un recuerdo nostálgico de lo “humanos” que pudimos haber sido, de cómo el progreso pudo haber sido dirigido a las personas y no a la industria. Representantes de un mundo basado en dedicación para aprender un oficio, calidad al trabajar y respeto a la materia, valores que deberían formar parte de una sociedad. 

 

Santiago Vega

Estudiante de diseño industrial en Guadalajara, México. Su trabajo se enfoca en el desarrollo de productos en base a nuevos procesos, donde la materia y el oficio son la clave para la creación. Apasionado por la fotografía y las artes gráficas, ha entendido cómo conjugar todas estas áreas para dar más carácter a cada uno de sus productos.

be.net/santiagovega


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Referencias
Pallasmaa, J. (2012). La Mano que Piensa. Barcelona: Gustavo Gili.
Schumacher, E. F. (1978). Lo pequeño es hermoso: Economía como si la gente importara. Madrid: Hemann Blume Ediciones .
Sennett, R. (2008). El artesano. New Haven : Anagrama.
Zaid, G. (2012). Hecho a mano. Ingenierías, 14(56), 27

 

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