Charla con Ariel Rojo

Kassim Vera- Me gustaría iniciar la conversación planteando algo relacionado a educación de diseño fuera de las escuelas. Uno de los aspectos que más me motivan de Emerge MX es visualizar el proyecto a largo plazo como una escuela independiente y, en gran parte, a veces percibo a estudios como el tuyo, son referentes, como semilleros de diseñadores, espacios donde salen personas que posteriormente tienen práctica propia muy interesante gracias al contexto que ofrece el estudio ¿Qué consideras que tienen en común las personas que han pasado por el estudio? Si ARDS fuera una escuela ¿Qué enseñaría? 
Ariel Rojo—Yo creo que en común en realidad tienen muy poco. Es chistoso, porque la escuela creo que nos deforma muchas cosas, de hecho soy lo contrario a lo que era, porque era “niño de 10” hasta la universidad que llegó “El Mosh” y ahí valió madre. Tuve que hacer mis cosas y era entrar y salir hasta que fue noveno semestre en la universidad y abandoné la escuela; pero siempre desde los 14 años que estaba chambeando y siempre había tenido la educación por parte de mi papá de siempre hacer las cosas y no esperar a que alguien llegue y te las pida, fue algo que me inculcaron en casa. Y cuando todo el mundo te pregunta cuando vas a dar una platica a alguna escuela “¿Cuántos son en el estudio?”, creo que no es la cantidad en una oficina de diseño. Justo eso que dices que que es un estudio referente,  a mí me cuesta mucho trabajo esa perspectiva. Para mí no es una oficina chica, es una oficina micro, creo en realidad que principalmente vengo hacer lo que me gusta. Ahora, si hay algo en común en la gente que llega aquí, es que busco que disfrute todos los días su chamba y fomentamos el que sea una espacio de trabajo que, como bien decías, el contexto sea adecuado e idóneo para el grupo del trabajo. El que alguien se quede aquí a trabajar, por ejemplo, no es en una decisión solo mía, es una decisión colectiva, a todos les tiene que caer bien esa persona, porque finalmente vas a convivir con esta persona, más que con tu pareja ¿no? 
KV.—¡Exacto!
AR.—Todo el mundo te pregunta “¿Qué perfil buscas?” La verdad es que no busco ningún perfil, más bien he entendido que esto es igual que la música, si de repente necesitamos tocar Rock, pues me busco mi guitarra, una batería y un bajo; si necesitamos tocar música clásica, pues me busco a alguien que toque el chelo, el arpa incluso. Entonces aquí en la oficina al tener proyectos tan diversos, buscar un perfil o cosas en común, acota más que buscar las cosas diferentes entre cada uno de los integrantes de este equipo. Los resultados, si bien la oficina lleva mi nombre o yo soy el encargado de dirigir los proyectos, han evolucionado la oficina, pues conforme se han ido sumado y restado integrantes, las tonalidades de los resultados también varían en el estudio, aprovechamos las capacidades.
KV.—Eso me parece muy valioso. Conoces a la persona que trabaja contigo, sabes qué tipo de área le podría interesar y haces que esa persona explote a través del estudio, esa capacidad ¿Crees que eso debería fomentar la escuela?
AR.— Mira, por un lado creo que son ese tipo de cosas que, después de no sé cuántos años de trabajo, apenas estamos entendiendo, pues como nadie te lo enseña, la curva de aprendizaje cuando arrancas por tu cuenta, es muy larga y costosa. Las escuelas que están en la vanguardia ya están buscando planes de estudio muy similares a eso, en donde no hay un plan ya concreto, sino que hay un tema, tú estudias un tema que pueda interesarte, no sé,  40 alternativas de diferentes clases y donde tu combinas y generas tu propio plan de estudios; porque pensar en esta sistematización académica en la que todos ven lo mismo y luego buscar la creatividad y la innovación, está medio difícil, ¿no? Así no funcionan las cosas. A mí me ha costado mucho trabajo cuando arrancas un estudio, eres más joven, más soberbio, yo creo que la juventud tiene cosas muy buenas (yo aún me considero joven, jaja), pero sí hay cosas que con la edad vas disminuyendo, creo que el tiempo te hace recapacitar. Entender que, por ejemplo, a pesar que tú diriges la oficina, los resultados se generan a partir del trabajo colectivo de los individuos, para mí hoy es fundamental entender en qué es bueno cada uno, porque me corresponde justamente ser el director de orquesta, que le pide al pianista, al guitarrista, le pide al del chelo y de repente también pide silencio, me toca ya más hacer ese trabajo de simplemente componer pero no tocar, y te das cuenta que otras personas son mucho mejores tocando ese instrumento, ese programa o esa aplicación, pero finalmente te despegas de todos tus egos porque lo que estás buscando es entregar un buen producto o un buen trabajo, y esto se va hacia todos los campos: a una buena operación, a una buena investigación, o un buen asado.

"No hemos terminado de entender la relevancia que puede tener el diseño en una sociedad, el diseño no es generar formas en realidad, el diseño es un tema, como el término lo indica, de designación, de planeación y de toma de decisiones, un buen diseñador es el que toma buenas decisiones, hay que saber designar oportunamente."


KV.—Es el entendimiento del proyecto, me parece. Si hacemos la analogía entre el estudio de diseño y la escuela, la segunda, al ser un ente tan grande, evidentemente no centrado únicamente en diseño, puede no percibir todo el valor que tiene el diseño: cómo ve, por ejemplo, el rector de una gran universidad a las carreras de diseño. Probablemente no hemos sabido cómo funciona cada una de las “partes” de la “orquesta” de diseño que mencionas. 
AR.—No hemos terminado de entender la relevancia que puede tener el diseño en una sociedad, el diseño no es generar formas en realidad, el diseño es un tema, como el término lo indica, de designación, de planeación y de toma de decisiones, un buen diseñador es el que toma buenas decisiones, hay que saber designar oportunamente. Eso tradúcelo a políticos o a un médico o ingeniero, realmente lo que están haciendo es designar, es su ejecución, de un colectivo o varias personas. Ese ejercicio llamado diseño, independientemente de las técnicas tradicionales que nosotros ya conocemos, puede permear en muchas áreas: en prácticas de desarrollo social, en un despacho de abogados y obviamente las áreas más clásicas, como la industria, que nos hace falta activar tremendamente, pero eso creo que es muy difícil que se enseñe en las escuelas. A mí me encanta este dicho que dice: “la necesidad enseña más que la velocidad”, cuando tienes este sentimiento de necesidad te pones las pilas porque no hay opción; por otro lado,  en una escuela estás emulando a ser, hoy empresarios por ejemplo, porque ahora hacen diseñadores empresarios, pero realmente están emulando porque no les cuesta; la angustia de pagar la nómina, neta esa motivación es muy poderosa, no es simplemente “ahora sí voy a hacer dinero” y ya está. ¡No! hay un tema de responsabilidad, es como cuando te dicen que vas a ser papá y debes trabajar para alguien más. Es lo mismo cuando eres empresario, una cosa es que te digan cómo moverle a los números y toda la cosa, otra muy distinta es tener gente que dependa de ti o que dependas de esas personas, saber manejar todo eso únicamente te lo da la experiencia del día a día, y creo que también eso es diseño. Yo al final estoy bastante desencantado de las instituciones académicas, no las super pros, esas están muy bien.

“La necesidad enseña más que la velocidad”


KV.—En las super pros ¿cuáles incluirías? 
AR.—Harvard, MIT, Columbia, Stanford, donde hablamos de otro nivel, pero ¿que porcentaje de la población llega allá? entonces si hablamos de educación a nivel global ¿cómo educas a una macro masa? no es a través de estas instituciones definitivamente, eso ya es un super nicho y un super privilegio, hablamos un porcentaje ínfimo de la población ¿Qué haces con la otra parte de la población? ¿Cómo la educas? ¿Cómo transmites el conocimiento? No nada más el técnico, que cada vez el conocimiento técnico es de más fácil acceso, si yo quiero aprender a cambiar el material a una cosa, me meto a youtube, checo un tutorial y listo; mañana a un programa le doy una orden de añadir más brillo a algo, es decir que no tengo que aprender una serie de rutinas para configurar. De ahí que la cuestión técnica cada día es más irrelevante en algunos empleos.
KV.—Y curiosamente todas las instituciones de diseño, fuera de este nicho que mencionas, se centran más en la parte técnica, los alumnos se vuelven muy buenos renderistas, muy buenos modelando en 3d, realidad virtual, pero en el momento en el que se presenta un problema complejo, como lo que pasó el sismo, la capacidad de reacción de “el diseño” como tal, el diseño fuera de la computadora y lo técnico, a mí me pareció muy lenta, de mucha incertidumbre. 
AR.—Este es un fenómeno que nunca había pasado en la historia de toda  la humanidad, nunca habíamos tenido un poder computacional tan fuerte como ahora, y lo seguiremos teniendo, pero en ese primer acercamiento creo que como especie no lo supimos manejar. A mí me tocó ser una generación de transición, tuve que entender el mundo como "fuera de las computadoras”; que sí aprendí a manejar la tecnología desde que era muy pequeño pero por otro lado siempre mis papás me enseñaron a hacerlo con mis propias manos. Entonces de repente estamos en una generación que absorbió toda esta tecnología muy bien, pero no es lo único y además hay una cosa muy importante, esa no es la justificación por la cual tenemos que actuar: proponemos,  hacemos, producimos, diseñamos y la pregunta fundamental es “¿Para qué?”. Nos estamos perdiendo brutalmente en el significado y las razones por las cuales estamos actuando como humanidad ¿no? Yo veo el potencial que tenemos como masa creativa, déjalo solo en diseñadores e ingenieros, toda esta masa creativa, todos los diseñadores hablando colectivamente estamos trabajando en hacer más muebles, hacer más sillitas. Tenemos una capacidad colectiva súper fuerte que no hemos descubierto, pero seguimos usando las redes, que nos permitirían generar en colectividad,  pero para decir quién soy yo, no quiénes somos, las redes pueden ser bidireccionales pero están siendo más unidireccionales para decir “vean lo que hago, vean lo que hago ¡ahh lo que tú hiciste me vale madre! vean lo que hago…” y entonces veo que tenemos herramientas brutales, tenemos una capacidad de comunicación tremenda y seguimos haciendo, perdón la palabra: ¡Pendejadas!

"Yo veo el potencial que tenemos como masa creativa, solo en diseñadores e ingenieros, toda esta masa creativa, todos los diseñadores hablando colectivamente, estamos trabajando en hacer más muebles, hacer más sillitas"


KV.—¿Y dónde crees que se encuentre esta capacidad de convergencia entre toda esta comunidad creativa? En las instituciones gubernamentales definitivamente no, todas estas cuestiones de cámaras, sindicatos, consejos y demás.         
AR.—Mira , en “La Verdad Incómoda” de Al Gore, se menciona que cuando a una rana la pones ahí en el agua y va subiendo la temperatura no se da cuenta, así nos pasa en la sociedad.  Con lo del terremoto, que fue una sacudida así tremenda, nos pusimos las pilas y pudimos reaccionar gracias a las redes sociales. Quien vivió el del 85 cuando no había teléfonos lo sabe, el comunicarte cuando las líneas se cortaron. Hoy en día ocurrió que después del temblor todos se podían contactar: “Abro twitter ¡Estoy bien!”, checabas que tus seres queridos estuvieran bien, si alguien necesita algo abres una app y mandas la ayuda, había esa capacidad. Entramos en un momento, en una condición, un contexto, donde la tecnología nos ayudó muchísimo, pero solo la utilizamos bajo esa circunstancia; imagínate que esta capacidad, este chip de ayudar a todos los demás con un fin común, no fuera un tema de emergencia sino un tema cotidiano colectivo.
KV.— No sé si has visto los documentales de Adam Curtis que de repente produce la BBC. En uno se habla sobre la perspectiva fundacional de Silicon Valley antes de que fuera todo este emporio enorme o en donde los teóricos que estaban formulando el internet hace bastante tiempo tenían una visión social, socializar esta red era un imaginarse que el acceso a la educación lo podrías tener en una pantalla. El humano creo idealiza muchísimo la tecnología en el momento en que se convirtió más en un valor de mercado total, en el momento en el que se sabe que la tecnología ayuda a re-producir más rápido y más barato un bien o servicio,  pero creo que se le perdió completamente el hilo. Se perdió el diseño más profundo del aspecto tecnológico, sus implicaciones sociales no están muy presentes. 
AR.—También vivimos un momento en donde esta tecnología nos permite empezar a generar acciones colectivas. En la época del comunismo, por ejemplo, tiras a los zares y hay riqueza para repartir ¿como la repartes? no hay manera, o en la revolución francesa, adiós a los reyes ¿cómo repartes la riqueza? Ahora tenemos la tecnología suficiente como para repartir la riqueza en cuentas bancarias o generar un “universal income” y aunque comprendemos que podemos vivir de otra manera, en realidad suena más fácil tener que ir a otro planeta ¿no? ¡De repente tengo mis chaquetas mentales! Es que todos los arquitectos andan que con su edificio, con su estilo y con su no se qué, justo estamos en esta etapa de la humanidad en donde puedes hacer lo que quieras, no importa si con los de al lado no tienes nada que ver, tú ponte a experimentar, estamos explotando los recursos no nada más naturales sino tecnológicos para explorar y está bien, es parte del proceso, la cuestión es si llegaremos a un futuro donde tengamos ciudades ideales gracias a la tecnología en donde todo sea igual, una civilización homogénea. 
KV.—Hay un documental de Adam Curtis, el más nuevo, que se llama Hypernormalization y habla sobre un concepto que se generó precisamente en la Unión Soviética ya casi al momento en que ésta iba a colapsar. El concepto de hypernormalization  se acuña a que nadie dentro de la URSS podía imaginar una alternativa social diferente. Hoy, en la etapa de lo que se conoce como el capitalismo tardío o post-capitalismo, hypernormalization surge, es decir: tenemos todos los medios para repartir el capital de manera igualitaria, generar una justicia social, el modificar el sistema pero nadie realmente sabe el cómo o qué seguiría luego de eso. Un claro ejemplo que nos muestra el documental es el movimiento “Occupy Wall Street” que tenía algo que se llamaba micrófono humano (human microphone), en donde nadie debía estar en un estrado hablando en un micrófono, todos tenían que estar fungiendo como en un altavoz colectivo, cada persona fungía como un eco del mensaje que hacían llegar a todos y según Adam Curtis, para Occupy Wall Street era muy difícil pensar en el futuro, no había quién diera certeza a una alternativa ¿Cómo diseñar lo que sigue después de “ocupar” Wall Street? ¿En qué se sostienen todas nuestras estructuras?
AR.—¡Exactamente! Y ahí es donde también se puede diseñar, no digo que yo sea capaz de poder diseñar eso, pero creo que el diseño trasciende hasta poder diseñar una sociedad, puedes designar sistemas, diseñar ciudades; cuando me pongo a soñar tampoco creo en estas ciudades en las que todo es igual, homogéneo. La información no va a ser menos cada día, es claro que cada vez son más terabytes y terabytes, petabytes y exabytes, etc. Vivimos en un mundo que se proyecta a ser ultra diverso, me queda claro que no vamos a llegar a una estandarización perfecta, la creación perfecta de un arquitecto. 
KV.—¡Claro! No seremos como en 1984 de George Orwell.

"Más allá de las cuestiones formales creo que a la escuela le hace falta mucho fondo crítico. El diseño es bidireccional, el diseño se aprende y te enseña en cada etapa, sea cual sea."


AR.—Pero lo que sí creo es que estamos gastando muchos de nuestros recursos en los egos, tema que a me parece bastante interesante en uno de tus números, en “vean el edificio del arquitecto X", en lugar de ya estar construyendo como sociedad. El giro necesitamos darlo urgentemente.
KV.— Siento que, aunque desafortunadamente, eso se comprende en un gremio tan egocéntrico, como lo son las ramas creativas, en el momento en el que tienes un desastre natural, lo notas en todas las cuentas de Instagram de diseñadores, arquitectos súper activos que de pronto pararon de compartir su día día, sus citas, su trabajo ¿por qué? porque si lo vemos dentro de una pirámide de Maslow, eso es lo menos esencial, es lo menos útil que puedes hacer en un momento como ese: estar pidiendo likes o estar tomando un café y avisar con quién. De qué manera estas áreas creativas se pueden dar cuenta del trabajo en colectividad, debemos encontrar el aglutinante en nuestra profesión, es muchísimas responsabilidad. Yo creo que iniciativas como el Abierto Mexicano de Diseño o Design Week México son súper responsables de generar estos espacios de convergencia; yo me siento muy responsable a través de Emerge, que es como establecer o proponer un discurso determinado, que no es competencia de ningún estudio y que tiene que estar abierta que participe cualquier persona.
AR.—Son muchos actores, por un lado la responsabilidad del diseñador, que curiosamente es mínima, porque el diseñador va a reaccionar a un contexto o a una necesidad, pero también la primera obligación es la gubernamental, nos guste o no vivimos en un lugar regido por autoridades y las autoridades deben de dictar finalmente hacía dónde va una sociedad, entonces tiene que haber políticas públicas de diseño y lo que pueda comprender o extender al diseño en su acción. Hay también una responsabilidad académica por que yo percibí cómo llegó una corriente, “la nórdica”, por así llamarla,  de escuelas de la auto-promoción y que llegaron a México a formar una generación de diseñadores jóvenes de centrados en la auto-promoción, pero les falto decirles “está bien que te vean, que muestres tu oficio y lo que tú quieras pero el por qué carajos estás trabajando”, el cómo puedes ayudar a tu nación a través del trabajo; todos estos valores, que cuando hablamos de la palabra “valores”,  en estos días que vivimos parece que eres religioso, ya decir la palabra valores suena como anticuado o chafa, pero creo que es lo que más necesitamos hoy en día. La academia tiene toda esta responsabilidad, también tiene que orientar a los alumnos porque creo que en esta etapa de la vida son una masa super programable, es muy fácil decirles: “mira para allá, esto es lo más chingón del mundo”. Cuando a mí me tocó llevar arquitectura, llegué cuando los maestros en la UNAM alababan a Max Cetto, la Bauhaus, el modernismo y demás, y después conocí otras expresiones artísticas y empecé a des-mitificar lo que me habían inculcado en la escuela. Más allá de las cuestiones formales creo que a la escuela le hace falta mucho fondo crítico. El diseño es bidireccional, el diseño se aprende y te enseña en cada etapa, sea cual sea. Pero muchas escuelas en diseño le piden al alumno ser un emprendedor y demás al casi salir de la carrera, cuando en realidad están por aprender. Le piden poner un taller con CNC o un láser, pedir un préstamo y demás cuando en la escuela les enseñaban que disque a “ver la big picture”  o “pensar en grande” y los hacen poner un “changarrito”. Eso en México pasa mucho, por eso vemos mucho diseño de bazares cuando tenemos plantas armadoras de coches, plantas de lavadoras, armado de aviones. Es una ausencia de visión a largo plazo que se debe inculcar.

 
 

Ariel Rojo

Desde 2006 tiene su propio estudio en donde desarrolla diseño de producto, arquitectónico, estratégico. Ha colaborado con grandes marcas del sector privado como Kikkerland y MABE, además de que ha diseñado alarmas sísmicas satelitales y el Sistema Nacional de Migración en el sexenio de Vicente Fox.

arielrojo.com

 


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