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Marco teórico para diseñadora desempleada

por Ana Paula Lafaire

 

En nuestra cultura, el trabajo (ocupación, empleo, chamba) no es solo un medio para obtener retribución económica, también es un eje rector de nuestro estilo de vida, está ligado a nuestro tiempo, atención y energía, dicta la rutina diaria que nos da propósito y seguridad. De alguna manera creemos y queremos que además de generarnos dinero, nos llene de significado, sea útil y considerado valioso por otros. Para bien o para mal el trabajo que desempeñamos está intrínsecamente relacionado con nuestra identidad social. Soy diseñadora, al menos eso dice el papel que me dieron en la universidad después de cuatro años y medio de ir diario, así logré pasar de estudiante a Lic. en Diseño Industrial. Mi legitimación, como diseñadora, supuestamente ha aumentado recientemente ya que tengo un nuevo papel para guardar en el cajón y más letras para agregar en el CV; mientras tanto, espero que alguien me contrate.

No nos engañemos, este estilo de vida acelerado que exige ser productivo y progresar es un invento relativamente reciente. Antes, cuando los humanos eran agricultores, el tiempo era considerado cíclico: la naturaleza dictaba el ritmo y las actividades estaban ligadas a las estaciones del año. El cambio vino cuando se consideró que los sucesos en el presente desencadenaban lo que podía pasar en el futuro, en este llamado tiempo histórico la narrativa se desarrolla con dirección lineal en lugar de repetición eterna.[1] Somos herederos de la Ilustración y la idea que la libertad y el progreso de la razón determinan el futuro de la humanidad: ciencia, innovación, tecnología, conocimiento y poder controlan el futuro. El filósofo Byung-Chul Han señala que bajo esta lógica “el tiempo es significativo en la medida en que se mueve hacia una meta”,[2] es decir, si el tiempo no se usa para producir o alcanzar un objetivo es tiempo perdido; el Diseño Industrial surge el siglo pasado bajo esta premisa.

No obstante, la digitalización ha significado un cambio abrupto en la lógica del tiempo histórico. El filósofo Michel Serres considera que esta transformación es tan radical para la humanidad que solo puede ser comparada con otras dos situaciones anteriores: la invención de la escritura y la imprenta. La importancia consiste en el vuelco total de la forma en que se analiza la información y se accede al conocimiento;[3] este cisma tiene repercusiones en las estructuras mismas de la organización social y el comportamiento humano. Nos encontramos ante un panorama con alcances impresionantes que parecen atravesar todos los ámbitos profesionales y personales. Se augura que la siguiente revolución industrial fusionará tecnologías físicas, digitales y biológicas.[4]

El tiempo parece que se ha acelerado. Byung-Chul Han apunta que no es debido a que la narrativa histórica vaya más rápido sino a que ya no existe dicha narrativa. El ritmo lineal dio paso a la atomización y dispersión: ya no hay un hilo conductor que dé sentido a los eventos. En esta nueva lógica del Tiempo de la Información es posible ser/estar en cualquier lugar a cualquier hora. Existimos entre eventos separados, unidos entre sí por tiempo muerto, la compulsión es acortar o minimizar lo más posible este indeseado tiempo de espera.[5] Así la aceleración es un síntoma de este salto constante. Nuestra atención ya no puede mantenerse durante mucho tiempo, somos impacientes, queremos acceso instantáneo a todo; nos sentimos libres, pero vivimos en el limbo de la novedad, somos adictos al Internet y al scroll eterno sin finalidad. Un ejemplo claro de estas repercusiones es el contraste entre “conocimiento y experiencia”, basados en duración de tiempo y paciencia, contra el concepto de “eventos experimentados e información”, que son instantáneos y superficiales.[6] Así es como llegamos a la era de la post-verdad.

Esto se refleja en los productos de consumo que se diseñan con una vida corta, obsolescencia programada, donde la meta no es duración, sino novedad. Han surgido nuevos modelos de negocio donde la clave del éxito está en fracasar rápido e innovar constantemente. El rechazo al modelo jerárquico ha dado paso a empresas que dan la espalda a la burocracia innecesaria y lenta; la tendencia es hacia negocios que se organizan ágilmente en equipos flexibles y horizontales que trabajan por proyectos siguiendo una visión compartida. Se incentiva una colaboración transversal, donde en vez de un jefe se tiene un líder y el que manda es el cliente, entre más colaboraciones se realicen más es el poder de la red de alianzas comerciales. En la lógica del “self management” surge un nuevo rol: cada individuo se vuelve una empresa, auto-organizado y auto-controlado, la línea se vuelve borrosa entre trabajo y no-trabajo, porque las personas son evaluadas por su compromiso con la “actividad constante”. La carrera profesional se vuelve un sprint entre proyectos y el éxito se mide en la capacidad de transicionar entre ellos, ser flexible, multidisciplinario, innovador y competitivo. La actualización y acumulación de trabajos genera un portafolio que “atraerá” nuevas oportunidades.

Es ésta la capacidad inherente del sistema capitalista de reinventarse. Los sociólogos Boltanski y Chiapello explican este fenómeno de adaptación como el “espíritu” que se apropia de la crítica de sus detractores para presentarse con una nueva cara atractiva, emocionante, liberadora e irresistible, sólo así es que se renueva y justifica el compromiso con ésta ideología.[7] El capitalismo cambia de normas y valores para mantenerse a tono con la sociedad y viceversa; un ejemplo de ello es la diferencia entre la generación de nuestros padres a la nuestra: antes se buscaba trabajo en una empresa con una jerarquía y estructura sólida. En su generación, la vida profesional existía de 9 am a 7 pm en la oficina, separando totalmente la vida personal y privada. Para sobresalir en el mundo profesional hoy en día se espera que cada individuo tome control de su propio desarrollo y dicte su propio futuro, y para eso debe mezclar la vida profesional y privada cada vez más.

Las pausas en este estilo de vida solo existen para reunir fuerzas y seguir trabajando. Chul Han advierte que la vida de actividad constante lleva a una agitación hiperactiva, carente de capacidad de descanso, donde el sentido se pierde y la existencia se reduce a instrumento de producción económica. El filósofo hace hincapié que este estilo de vida es insostenible y desencadena enfermedades mentales como depresión y burnout (agotamiento), siendo la gran epidemia de nuestros tiempos.[8] Él propone tratar al trabajo como un medio para ganarse la vida que no domine ni defina nuestra existencia, cultivar la práctica de la contemplación donde no se pretenda ningún resultado productivo y así balancear la vida activa,[9] Quedarnos quietos y dejar que las cosas sucedan sin querer controlarlas, como la naturaleza y sus ciclos eternos.

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Esto me hace pensar acerca de cuál es la actitud con la que se aborda un proyecto de diseño; puede ser desde la mentalidad de “solución de problema”: cómo llegar del punto A al punto B de la manera más eficiente; a veces se inicia con la solución dada (éste es el render que se vendió), el proceso de diseño pasa a ser solo un trámite para desarrollar la solución, entre más rápido se entregue mejor porque: Todo-Urge.

Otra alternativa es abordar el proceso creativo como una búsqueda abierta. En vez de querer llegar lo más rápido posible de A a B, se entiende primero la situación y se cuestiona. La actitud de exploración fomenta descubrimientos inesperados, tal vez la solución no es B y el punto de partida no sea A y es ahí donde el enfoque de diseño realmente genera valor.

Diseñar es una práctica, entendida como la acción que media entre la capacidad de un individuo para actuar y las limitaciones estructurales de su entorno.[10] Crear tiene sus cimientos en la afirmación de la libertad individual, tomar decisiones y expresarlas en acciones; es un proceso íntimo en el que el individuo entabla un diálogo con el mundo exterior e interior, se necesita estar abierto y ser vulnerable, desdoblarse como un capullo de flor (unfolding). Esta actitud contrastante con la posición occidental de conquistar, no es un proceso automático ni racional. He observado que se toma por sentada “la creatividad” del diseñador, como si fuera magia que sale del sombrero; en el trabajo se le exprime, se le exige pero rara vez se da espacio para nutrirla, cultivarla o dejarla respirar. Chul Han advierte que en la actividad constante no hay espacio para el aburrimiento y ociosidad curiosa que benefician el proceso creativo.[11] Creo que es importante tomar este fenómeno mental imaginativo seriamente empezando por observar cómo funcionamos, qué nos permite fluir y qué nos bloquea. Es una llamada a comprometerse con lo que nos emociona e inspira aunque sea una actividad que no lleve a nada “productivo” como fin en sí misma. También surge el reto de darle una justa dimensión al empleo y entender que la práctica de diseño puede trascender más allá de la chamba sólo si se destina tiempo y recursos para éstas exploraciones.

La salud mental es fundamental y hay que tratarla sin tabús en el ámbito profesional, independientemente de cuál sea. Para lograr balance en la vida acelerada del Todo-Urge es necesario primero aceptar nuestras compulsiones y fomentar una re-educación en hábitos sanos, requiere disciplina para poner límites y respetarlos, con nosotros mismos y con los demás. Es un reto encontrar espacio mental de calma ya que la cultura y la rutina del trabajo en la que estamos inmersos tiende a ser enajenante, tediosa, precipitada, hasta violenta. Si no se valoran los procesos creativos, escuchar la intuición y permitirnos desdoblarnos en una práctica creativa, curiosa e inventiva, difícilmente se otorgará espacio para practicarlo. La invitación es a experimentar este ejercicio, aunque no se catalogue como diseño (comercial), ya que sirve como bocanada de oxígeno para la mente y la imaginación. Sólo así se podrá apreciar e inducir un cambio en actitud y cultura. El hecho que actualmente el ritmo de trabajo no lo permita, solo revela exactamente esta doble necesidad-oportunidad para reflexionar, observar y empezar a sentar bases que lleven a una cultura de trabajo y diseño sostenible y congruente. 

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Ana Paula Lafaire

Diseñadora Industrial egresada de la UdeG. Empecé en la carpintería y pasé de diseñar muebles a tomar decisiones de negocios. Volví a la escuela para estudiar Business and Design en la Universidad de Gotemburgo (HDK) y le di rienda suelta a mi pasión por las ciencias sociales. Actualmente en proceso de transición* (aka desempleada, lejos de México y replanteando mi práctica de diseño).

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Referencias
1 Han, B.-C. (2017). Capítulo: Time without a Scent en The scent of time: A philosophical essay on the art of lingering. p. 12-19. Cambridge: Polity.

2 Idem. p. 16.

3 Artusa, M. (2016). Michel Serres, los méritos del olvido. Octubre 15, 2018, de Revista Ñ. Sitio web: https://www.fce.com.ar/ar/prensa/detalle.aspx?idNota=998

4 Schwab, K. (2016). The Fourth Industrial Revolution: what it means, how to respond. Octubre 15, 2018, de World Economic Forum. Sitio web: https://www.weforum.org/agenda/2016/01/the-fourth-industrial-revolution-what-it-means-and-how-to-respond/

5 Han, B.-C. (2017). Capítulo: Time without a Scent en The scent of time: A philosophical essay on the art of lingering. p. 18. Cambridge: Polity.

6 Idem. p. 41.

7 Boltanski, L., & Chiapello, E. (2005). The New Spirit of Capitalism. International Journal of Politics, Culture, and Society, 18(3–4), p. 161–188. https://doi.org/10.1007/s10767-006-9006-9

8 Han, B.-C. (2015). The burnout society. Stanford, CA: Stanford Briefs.

9 Han, B.-C. (2017). Capítulo: Vita Contemplativa en The scent of time: A philosophical essay on the art of lingering. p. 85- 100. Cambridge: Polity.

10 Rouse, J. (2007). Practice Theory. Division I Faculty Publications. Paper 43. Sitio web: http:// wesscholar.wesleyan.edu/div1facpubs/43

11 Han, B.-C. (2015). The burnout society. p. 13. CA: Stanford Briefs.

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