Emerge+006_0035_IMG_7244.CR2.jpg

Entrevista con Christian Vivanco

por Kassim Vera

 

Decidimos entrevistar a Christian Vivanco, diseñador industrial que dirige su estudio en CDMX, por su versatilidad al involucrarse en proyectos de diversas áreas; algunos con empresas como Hewlett-Packard, Red Bull, Palacio de Hierro, Cemex, Arca Continental, entre otras. Christian fue Director del Departamento de Diseño Industrial y Desarrollo de Productos de CEDIM, posteriormente se incorporó a Industrias Ideal, empresa anteriormente dedicada a la fabricación de butacas para espacios públicos, como Gerente de Diseño Estratégico. Además, su trabajo se ha exhibido a nivel internacional en varias capitales del diseño. Actualmente es curador y furniture specialist en Wework North Latam. Por todo esto, quisimos saber un poco más del proceso que ha conllevado esta alternancia en su vida laboral, la fuente de su iniciativa, la manera en que se ha dado ese crecimiento y en cómo estos elementos han afectado en su práctica como diseñador.

Kassim. Algo que me parece interesante de tu perfil es cómo lo has mutado; primero un estudio propio, luego en CEDIM como Dir. de Diseño Industrial y enfocarse completamente a educación, luego moverse a una industria de gran escala (manufactura, producción) y ahora moverse a lo que podría convertirse en una consultoría permanente con WeWork ¿Por qué mutar tanto? ¿Porque han sido buenas ofertas laborales o por una necesidad de aprender nuevas cosas y estar en giros diversos?

Christian. Por una parte soy consciente de que he tenido la oportunidad de establecerme y tener un estudio como varios diseñadores lo han hecho: quiero poner un estudio, quiero hacer diseño industrial; lo defines, te esmeras muchísimo y lo construyes, y me fascina y es padrísimo. Pero la realidad es que yo inicié mi carrera profesional trabajando para otros diseñadores industriales y al mismo tiempo trabajaba en mis cosas, aprendí entonces desde que egrese la dualidad de diseñar: tener un despacho, pero en paralelo hacer algo más: sea trabajar para otros diseñadores, freelancear o trabajar dentro de un despacho. Eventualmente llegó la academia cuando volví a México del posgrado y comencé a dar clases en la Facultad del Hábitat, sin descuidar mi práctica propia. Lo mismo en CEDIM, cuando llegué a Monterrey a trabajar ahí también inicié a colaborar con Los Patrones, con Weyes y más. Sin ser plenamente consciente de tenerla, aprendí a lidiar con esa dualidad laboral y esta no solamente tuvo un motivo financiero, sino que me permitió tener oportunidades creativas que de otra forma no hubiera encontrado. Para mí el diseñar producto para el despacho nunca ha asumido una figura primaria en mi quehacer laboral, los primeros años era una tarea más de exploración creativa interna, un constante ejercicio mental sabiendo que yo no dependía de eso, que tenía otras actividades que me otorgaban el ingreso necesario para seguir desarrollándome en otros canales. Creo que eso me dió mucha libertad: regarla todo lo que quiera, explorar lo que quisiera. Al final eso me ha hecho llegar a diversos lugares a trabajar y poder ser muy claro y decir que se me permita colaborar con quien desee y no estar sujeto solamente a una actividad, es un ejercicio de negociación.

El moverme en esta dualidad ha sido muy valioso en términos de aprendizaje obtenido, pero también muy complejo, por ejemplo, tengo 8 años con experiencia en la academia y en ese tiempo fue un proceso de muchísima introspección para analizar el nivel de congruencia que estaba llevando en esos mundos paralelos: por un lado formando futuros diseñadores y opinando sin ser dogmático, sobre lo que sí y lo que no, y por otro lado haciendo otras cosas, eso me generaba conflictos profundos sobre cuál es mi responsabilidad y cuál también mi antojo y lo que quiero hacer como diseñador.

“La academia representó la ruptura y el aprendizaje más fuerte que he tenido”

K. Es decir, lo que tú reflejabas a los alumnos en ese momento como cabeza de programa de diseño ¿cierto?

C. Exacto. Una cosa es decir y otra hacer y en muchas ocasiones me encontraba con que mi dualidad no estaba haciendo match, que mi discurso no cuadraba con lo que estaba haciendo. Fue un proceso que personalmente fue muy jodido, pues es entrar en una crisis creativa y profesional de responder ¿qué estás haciendo? ¿qué quieres hacer?, pero fue súper enriquecedor al mismo tiempo. Era dejar de creer en algo y no saber en qué creer para abrir un proceso de búsqueda.

K. Eso es un proceso muy particular de la academia ¿no crees? El que de repente te conviertas en una figura de responsabilidad cuyas decisiones impactan en personas, es decir: si metías la pata con una generación, era tu responsabilidad, pues no eras un profesor y ya, sino un director de programa.

C. Sí, claro, así tal cual me sentía. Yo sabía que entre más avanzada estuviese una generación, menos podría yo impactar en ella cuando entré como director al CEDIM. Cuando inicié les plantee que cuando la primer generación que recibiera se graduara, yo lo haría con ellos. Y así fue. Es un grado de responsabilidad agobiante, te abruma pensar que las ideas que, como diseñador, tú aún estás intentando aclarar en tu mente tienen un impacto profundo en mentes que están buscando una respuesta, una guía o un know-how. Puede parecer que fue una mala experiencia, para nada, todo lo contrario, de todas las experiencias que pude haber tenido, la academia representó la ruptura y el aprendizaje más fuerte que he tenido: me hizo cuestionarme, cuestionar al que pretendía ser y cuestionar la escena de diseño en México.

K. ¿Qué pasa una vez que se gradúa la generación que recibes en CEDIM? ¿Cómo decides moverte ahora a la Ciudad de México a trabajar en Industrias Ideal?

C. Pues la fecha se llegó y me surge la oportunidad de venir a la Ciudad de México a trabajar en Industrias Ideal. Nunca había escuchado yo de la compañía, pero en un viaje que hice a la Ciudad de México, me encuentro con Richard Ibarra, un amigo que conocí en Whirlpool por Jorge Moreno y él era ya el Dir. de Diseño e Ingeniería en Industrias Ideal. Richard me insistió en conocer la fábrica, darme un tour y demás. Al llegar a la fábrica, me voy de boca, jamás hubiera pensado que en México existiera una fábrica de mobiliario con esas capacidades, nunca lo consideré. Richard, al verme sorprendido, me ofrece chamba, me dio campo para explorar, no solo diseñar mobiliario, sino detectar nuevas oportunidades, abrir paso a nuevas propuestas. Obviamente cuando te ponen eso, cerca de 800 trabajadores, con todos los procesos productivos que lleva el mobiliario, en esas dimensiones, pues es difícil decir que no. Fue una experiencia muy chingona, pues si bien había trabajado con empresas antes, de diversos tamaños y giros, es muy distinto el diálogo que puedes tener con una empresa como diseñador externo que el que tienes como diseñador interno de la compañía: comprender las dinámicas sociales que existen dentro de la misma, con cada uno de los departamentos, las áreas; el cómo generar una cultura de diseño o un valor al concepto de diseño a nivel interno, es una dinámica para la cual yo estaba muy lejos de estar preparado. El cómo afrontas que tienes que convencer, no solo a un gerente comercial o al director de planta, sino a cada uno de los operadores de que hay maneras mejores de hacer las cosas, que van a generar mejores resultados a un nivel personal, departamental y empresarial; es un proceso que tiene muchas capas. Lo intentamos, fue una gran experiencia con el equipo de diseñadores que fuimos armando.

K. ¿Con ellos también llegaste con un ciclo por cumplir en mente?

C. Sí, cuando a mí me contratan, hice evidente que no tenía intenciones de dejar de lado mi labor como diseñador independiente, tampoco la intención de quedarme en la compañía toda la vida, pero sí claramente a aportar al equipo de diseño y desarrollar una línea de productos. También al entrar había un warning de la empresa: estábamos en una circunstancia financiera muy compleja en la que o había un crecimiento exponencial o se cerraba en 2 años. Uno piensa: ok, vamos a meternos a los madrazos y ver cómo el diseño puede mejorar estas condiciones, pero hay circunstancias de las compañías, que vienen de muchos años atrás, que por más que uno intente darle valor al diseño, simplemente lo sobrepasan. El tiempo nos ganó, esa es la realidad: una empresa de tal magnitud se mueve lento y cerró. Eso como diseñador te pone en una situación muy reflexiva, siempre te cuestionas cuando hay un fracaso si tomaste las decisiones correctas. Al final quedé muy tranquilo, la situación estaba fuera de lo que uno como diseñador podía controlar en una circunstancia tal.

K. Si retomamos el concepto de la dualidad profesional en tu práctica y entramos ahora a la parte de tu estudio, que imagino es la práctica que más te llena, pues aunque una empresa o escuela pueda darte libertades, creo que en tu práctica personal es en la que reside la libertad real de decisión. A lo largo de todas esas transiciones y cambios ¿Qué se ha mantenido permanente en tu práctica?

C. Es buena pregunta. Yo no hablaría de una permanencia como tal, pero sí han habido inquietudes que entraron desde el inicio, que echaron raíz y han generado otras exploraciones. Creo que sobre todo ha sido una exploración constante de sinceridad creativa o sinceridad en el producto, un ejercicio de transparencia sobre mi quehacer como diseñador, dejar de lado lo que se supone debes hacer y sobre todo lo que se supone debes decir y ser transparente. Estos últimos años me ha inquietado mucho la naturaleza de la relación con tus clientes y de qué va esta realmente. Antes tenía como objetivo para desarrollar un producto y la meta era tener un producto con esa empresa; desde hace dos o tres años el objetivo ha cambiado drásticamente, pues se ha invertido: el camino son los productos, el objetivo es la relación. Lo que me interesa es generar una relación a largo plazo con empresas o clientes a través de productos y que estos se vuelvan los milestones de esa relación. Aspiro a desarrollar relaciones más personales con la gente con la que trabajo.

K. Imagino que eso lo pensaste al iniciar a trabajar con Los Patrones.

C. Sí, claro. Aunque mi primera relación vino con Nido Muebles cuando desarrollé la colección de Traven, donde iniciamos porque nos gustaba mutuamente lo que hacíamos y éramos amigos, lo que mejor podíamos hacer era colaborar y hacer algo juntos. Una relación de apuesta mutua. Luego llegaron Adrián y Juan de Los Patrones, donde primero apuestas por la persona, luego por la empresa y después por el producto. Obviamente el tener estas relaciones y que funcionen implica que tengas colaboraciones con otras compañías, pero algo que me ha movido mucho últimamente es motivar a estas empresas a que colaboren con otros diseñadores. Sé que suena a cliché y demás, pero siempre he creído que si las personas de las que me rodeo están mejor, yo lo estaré también. Es apostar a generar un estado de bienestar para las personas con las que trabajo, pero sé que ese estado de bienestar no puede depender únicamente de mí ni yo de ese estado en particular, sino que necesito de más colaboraciones y ejercicios diferentes, por eso intento motivar a las compañías a trabajar con más diseñadores.

K. Al final también es tener un crecimiento en conjunto con las compañías o empresas en México, que apuestan realmente por el diseño nacional.

C. Claro. Debo aceptar que yo era de los diseñadores que apostaban por tener relaciones comerciales con empresas en el extranjero. Era mi objetivo. Eventualmente, diseñaba para una empresa en España, pero los productos no podían conseguirse en México, no podía conseguirlos ni yo. No me encantó esa descontextualización de lo que diseñaba, quería tener una experiencia más cercana, incluida la de consumir. También hay que notar que ha habido un crecimiento fuertísimo del diseño en México: cada vez hay más ojos, más empresas y más interés; eso, para un diseñador que se enfoca, puede ser muy viable. La relación con Los Patrones ha detonado acercamientos con empresas mexicanas. Me atraen mucho empresas jóvenes que vienen con un músculo productivo fuerte y que están dejándose querer por una idea del diseño como valor, no tanto compañías muy grandes, que si bien es una relación que varios despachos han trabajado ya muy bien, no es precisamente mi línea.

K. Es de alguna forma considerar que el diseño “esté ahí”, con esas empresas, en el momento en que despeguen ¿no?

C. Sí, es buscar ese momento. Con Los Patrones, sinceramente “sin querer” surgió de esa forma. Hace dos años y medio la empresa era súper local, trabajaba en Monterrey para restaurantes de Monterrey. Hace un año y medio salió la Norestense (mecedora), por ejemplo, y la lanzamos por un interés de Los Patrones en ir a una feria de diseño (Caravana), hoy hemos llevado cosas incluso a Maison&Object (Paris). Me da un gusto muy sincero ver cómo tomó inercia esa empresa y quiero hacer eso muchas veces.

“Mi principal preocupación es desarrollar el mejor producto posible, no tener una nómina enorme que dependa de mí”

K. Pero también son relaciones a largo plazo; es decir, ese éxito no puede ser permanente, la relación de la que hablas debe trabajarse cada vez más con las compañías.

C. Precisamente es por eso que, por ejemplo, cuando estudiaba veía o quería saber cómo pensaban otros diseñadores. Veía que muchos de ellos incluían en sus sitios webs el hecho de haber colaborado con 50 empresas distintas. Pero había otros, como Antonio Citterio, que ha trabajado con pocas empresas y con todas ellas ha generado una relación que con los años no hace más que mejorar. Hace tiempo pensaba qué flojera estar con cinco empresas y ya, pero ahora sé que no quiero estar con cincuenta. Me interesa desarrollar estas relaciones a largo plazo y aprendes muchísimo.

K. Algo que me llama la atención es que tú trabajas solo

C. Nunca he contratado a nadie. Por un lado es un cargo de conciencia, pero por otro he compartido todo en la academia.

K. Imagino que es una cuestión de responsabilidad y control a nivel general sobre los alcances del estudio.

C. Cuando vivía en Barcelona trabajaba en un despacho que llegó a tener hasta 10 diseñadores, de los cuales solo 2 recibían un salario, los otros 8 eran practicantes. Esa dinámica siempre me ha parecido muy mezquina. Siempre he creído que un despacho de diseño si necesita gente es porque tiene proyectos y estos demandan una cantidad de personas para desarrollarlos; creo que hay muchos despachos que funcionan al revés: tienen mucha gente para alcanzar esos proyectos y en lo que estos llegan y llega también la sustentabilidad financiera, no se jode el diseñador, no se jode el cliente, se jode el practicante o el junior que gana una mierda o no gana nada. Eso solo genera una dinámica poco sostenible, pues tu estrategia de crecimiento depende de otras personas. Mi principal preocupación es desarrollar el mejor producto posible para la empresa o cliente con quién trabajo, no tener una nómina enorme que dependa de mí; me interesa el desarrollo creativo y personal a través de mi práctica en diseño.

“El diseñador actualmente sigue enfocándose en agradarle más a otros diseñadores que a la sociedad.”

K. Es curioso, porque ahora precisamente cuando hablamos del crecimiento de la escena de diseño, presiento que nuevas generaciones que están siendo exitosas en el diseño, vician mucho los desarrollos creativos por simplemente producir o vender más; un desarrollo más cercano al interiorismo que al diseño mismo ¿no crees?

C. Respeto muchísimo a las personas que hacen interiorismo, sería algo que yo no haría, pero tienen mi reconocimiento. Aunque no me gustaría, porque he empezado a notarlo, que la disciplina que ejerzo y en la que participo (diseño de producto), aprenda demasiadas cosas de la escena del interiorismo, pues si bien hay muchas cosas chidas, hay un exceso de enfoque al dinero. Y no es que esté mal enfocarse en el éxito financiero, pero es claro que no tienes toda la cabeza para enfocarte en varias cosas, entonces es evidente cuando te enfocas en exceso en unas y descuidas otras. Me incluyo, hay ocasiones, y lo he visto más común, en que el diseñador industrial comienza a sacrificar creatividad por el proyecto, por el cliente. Es buscar un equilibrio muy delicado, tal que si no eres consciente, terminas desarrollando un producto más. Por ello es necesario que el diseñador se percate del lugar que tiene en la sociedad, que ahora mismo, en nuestro país, no es algo relativamente fuerte. Creo que el diseñador actualmente sigue enfocándose en agradarle más a otros diseñadores que a la sociedad. Eso me lo enseñó la academia, pues no solo conviví con quien quiere ser diseñador, sino con sus familias y darme cuenta de todas las repercusiones que mi trabajo puede llegar a tener. Creo que aún sigo teniendo pendiente el generar un impacto fuera del diseño a través de mi quehacer como diseñador, eso es algo que aún está latente en mí.

Volver a Emerge MX 006