El pensar y el hacer 

Adolfo Navarro

 
 

Los diseñadores siempre hemos demostrado que nos visualizamos (y probablemente lo seguiremos haciendo) como una especie superior. Seres vivos que soportan grandes cargas de trabajo, que leen todos los libros que el resto del mundo no lee, que beben café de forma increíble, que merecen vestir de negro sin necesidad de asistir a un funeral, que el estilo y buen gusto es algo que se da en forma natural. Todos somos fotógrafos, directores de arte y pensamos de la única manera correcta en que se puede pensar. Y, por supuesto, todos comunicamos esas increíbles capacidades y estilo de vida de manera escandalosa, esperando así ser reconocidos por una sociedad que realmente, a duras penas sabe exactamente qué hacemos y por qué lo hacemos.
Por supuesto, existen también diseñadores que no piensan ni actúan de esta manera, y más allá de intentar algo distinto, la mayoría del tiempo se critica[1] con todo el peso de nuestra opinión la anterior postura. Se genera un círculo vicioso de diseñadores que complacen diseñadores y diseñadores que critican diseñadores. ¿Dónde queda todo lo demás? ¿De qué se trata entonces el diseño?


Existe una brecha muy grande entre la aceptación mutua de todos los enfoques de diseño que se poseen: diseñadores teóricos, docentes, críticos, enfocados a servicios, a producto, a experiencia, a producción, a software, diseñadores emprendedores, de concurso, autoproductores, investigadores. Diversos enfoques y visiones existen, pero más allá de nutrirnos unos a otros y complementar la visión y el conocimiento general que se posee del diseño, la mayoría del tiempo glorificamos nuestro propio enfoque y denigramos a todos los demás, sin detenernos siquiera a reflexionar qué está sucediendo, que más se está haciendo y por qué. Teóricos vs. makers, servicio vs. producto, emprendedores vs. oficinistas.  Una burbuja de “crítica” nociva y subjetiva cada vez más grande, donde se desconocen los motivos y objetivos de las otras partes, sin preocuparnos de lo que la mayoría de las personas (que no son diseñadores) esperan realmente de nuestra profesión. No saben lo que hacemos, y al parecer no nos interesa comunicárselo. Es más importante demostrarle a mi colega docente que yo soy mejor porque hago producto y viceversa. 


Enfrentamos entonces una situación en la que lo que se hace no se comunica apropiadamente. Pero creo que existe un punto aún más contraproducente: si las personas desconocen lo que hacemos, ¿Qué sucede con lo que pensamos? ¿Vale la pena comunicarlo? ¿Se le encontraría interés? No es referirse al pensamiento del diseñador como una opinión expresada, si no a qué trasfondo le da a ese trabajo que tanto presume. El pensamiento en diseño trasciende el resultado, trasciende el proceso. Debe ser el origen de toda acción.

Mientras el idear y ejecutar, el pensar y el hacer vayan de la mano, no hay un mal enfoque, no creo que existan malos resultados. 


Encontramos entonces un punto importante al que todos deberíamos prestar atención: Pensar diseño. En ese par de palabras se encuentra la clave para el entendimiento y la aceptación de todos los enfoques, un argumento del cual podría partir una buena crítica. Si todos los diseñadores nos preocupamos por pensar, de la misma manera que nos preocupamos por hacer o demostrar, creo que la situación se equilibra a nuestro favor. ¿Pero cómo pensar diseño? Estoy seguro que cada diseñador, en cada enfoque que se encuentre, sabrá la respuesta. El objeto, la clase, la investigación, el método, cualquiera que sea el output[2] del proceso de diseño, debe reflejar ese trasfondo intelectual de resolución que caracteriza al diseño. Dejando de lado redundantes procesos de inspiración pinteresca[3] de los que tanto se abusa, pensándolo mejor. Claro, sin olvidar que hacer y pensar son acciones siempre complementarias. Hacer por hacer y pensar por pensar sólo contribuyen a nutrir ese círculo vicioso. Es egoísta pensar sin hacer. Es irresponsable hacer sin pensar. 


Mientras el idear y ejecutar, el pensar y el hacer vayan de la mano, no hay un mal enfoque, no creo que existan malos resultados. Podemos ser varios tipos de diseñador a la vez, aplicando pensamiento y metodologías en nuestro trabajo, sea cual sea el output. Haciendo y pensando, cualquier profesión puede tener un auge espectacular y un discurso coherente, sobre todo el diseño. 

Adolfo Navarro

Diseñador Industrial por la Universidad de Guadalajara, Director de la marca de accesorios de piel Lo Esencial. 

@loesencialmx
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[1] Me refiero a lo que comúnmente se practica como crítica en la mayoría de los contextos: hablar mal de algo, afirmar que está mal, que simplemente no gusta.
[2] Anglicismo utilizado para referirse al resultado de algo.
[3] Relativo al uso de la plataforma Pinterest.

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