Los Provocadores 

Diana Cuevas

 
 

- De la observación al storytelling como ejercicio para un pensamiento crítico

Maintenant era una revista parisina que Arthur Cravan editaba y escribía bajo diversos seudónimos, tuvo sólo cinco ediciones entre 1912 y 1915. En ella se encontraban reseñas, artículos y pequeños textos de ficción, todos ellos incendiarios, todos ellos contra el movimiento artístico de sus contemporáneos a principios del siglo XX. ¿Que si publicó el mejor cuento de su época? Tal vez, no importa, lo que quedó de Maintenant para la posteridad fue su capacidad –probablemente involuntaria– de propiciar el cuestionamiento, el análisis y la crítica; todo a partir de una provocación “distractora”.

Los diseñadores tenemos cierta aversión a la palabra «crítica», nos incomoda y veces nos asusta: desde ahí podemos partir para que ocurra. Construir una escena que se encargue de esto es un proceso que no puede iniciarse desde la crítica misma: ir un poco más atrás, generar las condiciones adecuadas, aclimatar el entorno hará que la crítica que pueda surgir en un futuro sea leída no sólo por los críticos mismos, sino –y más importante para sus fines– por diseñadores y usuarios finales.

Un archivo histórico bien sustentado, así como la correcta articulación de los elementos que actualmente la conforman nos evitará caer en los lugares de siempre, donde sólo damos vueltas y terminamos mareados en el mismo sitio. Para articular las piezas sueltas que a la fecha se tienen y que distintos colectivos, académicos y estudiantes han recabado de forma aislada, es necesaria no sólo la documentación de una línea de tiempo local, veo indispensable contar una historia, desmenuzarla, ponerle colores y dejar un archivo a la consulta y posterior interpretación. Esto a gran formato, a largo plazo.

Para qué escribir crítica si –aquí y ahora– nadie va a leerla? ¿Para qué escribir crítica si podemos hacer crónica, cuento, inventarnos un personaje ilustrado parodia de sí mismo que haga crítica desde la sátira, si podemos ficcionarlo todo? 

 

Como ejercicio inicial, ir de lo particular a lo general puede ayudarnos a juntar los retazos que ahora tenemos. Hagamos un Maintenant y dejemos que la crítica sea la digestión de eso. ¿Para qué escribir crítica si –aquí y ahora– nadie va a leerla? ¿Para qué escribir crítica si podemos hacer crónica, cuento, inventarnos un personaje ilustrado parodia de sí mismo que haga crítica desde la sátira, si podemos ficcionarlo todo? Usemos la licencia poética que nos da el no ser poetas sino diseñadores y diseñemos desde la narrativa.

Una historia, una imagen e incluso una polémica –ser el estado invitado de Design Week o el desafortunado robo a Kukuruchos en una edición de Galería Volcán, por ejemplo–  generan interés, y el interés genera diálogo; lo demás comienza a llegar por sí solo. Mi ejemplo favorito de ello es ese género literario mejor conocido como ‘Comentarios de vídeos en Youtube’. Una vez que exista el diálogo aparecerá la crítica y «la escena» no será más que un grupo de personas que condense todo eso, y entonces sí, toca comenzar a sumar. Una consecuencia y no un montaje improvisado. El diseño puede ser objeto de crítica desde una perspectiva cultural. 

Si somos siete o doce los interesados en escribir diseño local no ocurrirá nada con eso, nos leeremos entre nosotros y quizá nos saludaremos en las inauguraciones de lo que sea. Seamos narradores de lo que ocurre para que sea el lector quien reaccione a eso y la tan anhelada crítica sea resultado de un análisis desmenuzado, una reacción a la acción de narrar. Provocar la crítica colectiva parece un buen comienzo.  

Para llegar a este ejercicio inicial necesitamos un punto de partida: la observación. Desde y hasta la contemplación, la observación es al diseño lo que la escucha a una conversación, sin ella no hay nada que decir.

Acudamos a cuanta propuesta local se nos invite en Facebook: presentaciones, festivales, exposiciones, bazares, mercados y exhibiciones de vitrina. No es tan difícil, casi siempre hay bocadillos y cerveza.

 

El diseño debe escuchar nueva música, volver a jugar con plastilina, irse unos meses al campo, quedarse sin un peso. Bailar. Como diseñadores tenemos que inventarnos nuevas materias primas, salirnos del boceto, el prototipo y la foto.

 

Luego viene el storytelling. Contemos una historia de lo ocurrido. Esto como ejercicio de atención a las propuestas, una etapa inicial que puede convertirse en detonante o en parte aguas del punto al que queremos llegar. Si no es así, al menos servirá como registro.

A estos dos primeros pasos podemos sumar la creación de una plataforma colectiva, una ventana inmediata que junte esas historias en un espacio digital y dé pie a la interlocución.

El diseño debe escuchar nueva música, volver a jugar con plastilina, irse unos meses al campo, quedarse sin un peso. Bailar. Como diseñadores tenemos que inventarnos nuevas materias primas, salirnos del boceto, el prototipo y la foto. Debemos aprender, —muy probablemente de manera autodidacta— a diseñar contenidos, si es que aún como diseñadores nos da miedo usar la palabra «escribir». Luego vendrá la crítica.

«Tiene más mérito descubrir el misterio en la luz que en la sombra. Todo gran artista tiene el sentido de la provocación. Los estúpidos no ven lo bello sino en las cosas bellas.»    Marie Lowitska

 

Diana Cuevas

Hago diseño y escribo. Escribo diseño. Una revista me pareció buena idea para probarme haciendo las dos cosas que más me gusta y fue así como llegué a México DESIGN, revista de la que ahora soy editora en jefe.  Mis intereses profesionales surgen de la curiosidad por lo que me rodea y a diario me descubro rodeada de diseño, no hablo mucho y supongo que mi mente lo compensa observándolo todo. Me intriga lo que hay antes de una idea, el detonante, lo que hay alrededor y lo que se genera a partir de la misma.

 

Volver a Emerge 001