El abismo entre el diseño y el diseñador 

Luis Cárdenas

 
 

¿Diseño?
¿Qué es el diseño? ¿Qué está en juego cuando diseñamos? ¿El diseño tiene que ser producto para ser diseño? ¿El pensar diseño es diseño? ¿Cuál es el sentido del diseño? ¿Cuando sé que soy un diseñador? ¿Hasta dónde un objeto es diseño? ¿De dónde viene el diseño? ¿Hacia dónde va el diseño? ¿El diseño sin diseñador, sigue siendo diseño?

Ojalá el diseño en Mexico siempre estuviera entre signos de interrogación, ávido, inquieto y no como un cuerpo en coma inducido, sólo posado ahí, sin señales de vida, pero dándose cuenta de todo, exhibiéndose.                                        

Hace un par de años tuve la fortuna de despertar del “coma inducido” y encontré mucho más del diseño fuera de él. Entendí que en donde realmente habita es en toda aquella cosa que no lo contiene.
                                        
Inicié no a diseñar más cosas, sino a ver el diseño en ellas, a describirlo, a exponerlo y a darme cuenta que pocos son los aventureros en la aproximación de nuevas formas de trabajar un material, en explorar procesos y abonar al diseño con cada paso. La aportación actual consiste en cambiar de color las patas de una silla, des-ornamentar objetos artesanales para darles un “toque contemporáneo”. El diseñador no pretende ya ensuciarse las manos, menos la cara, pues sabe que lo más importante es salir bien en la foto.
                                        
“El arte no puede enseñarse. (Las escuelas de Bellas Artes) Deben volver a convertirse en talleres. Este mundo de diseñadores y decoradores que sólo dibujan y pintan debe convertirse de nuevo en un mundo de gente que construye.“[1] Walter Gropius.
                                        
Como bien lo decía Gropius, hemos construido una barrera clasista entre el hacer y el diseñar. Hoy en día el que hace no diseña y el que diseña no hace, el que piensa no hace y el que hace no piensa.

En una muestra de arte hace no mucho tiempo, escuché a un grupo de personas decir de una pieza: “Eso en verdad no creo que sea arte, se ve fuera de contexto, no genera un diálogo, no cuestiona nada, aparenta que no fue muy pensada, es diseño”. Esto me preocupó, no por que tuvieran razón, si no por lo fácil y convincente que les fue llegar a la conclusión de que era diseño por carecer de diálogo y contenido.
                                        
Las universidades han visto las carreras de diseño como un muy buen negocio y en muy pocas se ha tomado el interés y la responsabilidad necesaria de lo que ser diseñador conlleva. Se enfocan más en enseñarte a “comerse al mundo”, a ser “el diseñador”, a salir en las mismas revistas que tus ídolos, a mostrarte, a exhibirte, a hacer-hacer-hacer y te convencen de que si se vende es porque eres bueno, que tu trabajo debe hablar por ti, quitando toda responsabilidad de tus actos, creando comerciantes y actores, en lugar de diseñadores.
                                        
Las instituciones públicas y privadas que presumen tanto su apoyo al desarrollo y difusión del diseño son los primeros en perjudicarlo al colocar como parámetros de selección la tendencia del momento, la moda, la fama, los lugares donde vendes/exhibes tus productos, etc. No provocan que el diseñador se arriesgue. Deberían brindar esos espacios a generar dudas, preguntas al aire, experiencias y no a exhibir trofeos.
                                        
Necesitamos dejar de sentirnos orgullosos de formar parte de los “circos de diseño”, de ser sólo contenido de shows montados y comenzar a formar espacios de reflexion, análisis, descripción y crítica de diseño. Diseño escrito, pensado, hablado, “hay que volver a las cosas mismas”, como dijo Edmund Husserl.
                                        
Así que sin tanta algarabía los invito a morder el barro, a oler la madera, a golpear el metal, a cargar la piedra y a no intentar diseñar más sillas, si no a explorar nuevas formas de sentarse.
                                        
Luis Cárdenas

Diseñador Industrial UdeG. Investigación, exploración y práctica del hacer-saber. Cofundador en popdots, paciente del Taller de Locos y cómplice activo de La Merma Editorial. 


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[1] 1 Extracto del manifiesto de la Bauhaus, 1919.

 

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